Señor director:
Profunda tristeza causa el lamentable hecho que significa la destrucción del velódromo del Estadio Abierto del Parque de Mayo. Es digno recordar que su construcción, durante el gobierno del Dr. Aldo Cantoni, significó ser el de mayor importancia en latinoamérica, destinado a la práctica del deporte de los sanjuaninos para su salud física y espiritual.
La inquietud surgió en aquellos lejanos años de 1927, sustentada en la concepción de fomentar el deporte para superación de la juventud. Entendiendo el concepto desde la visión no sólo del político sino del médico preocupado por la sanidad de la joven sociedad sanjuanina.
Hay que destacar que durante su vida en Buenos Aires en los primeros años del siglo XX, el Dr. Aldo Cantoni, fue presidente del Club Huracán al cual lo hizo campeón en dos oportunidades consecutivas. Asimismo resultó electo presidente de lo que fuera
la incipiente AFA, igualmente por dos períodos consecutivos.
Entendió la importancia del deporte en la vida de una comunidad que aspira a sostener los valores de una sana competencia, reafirmando los valores éticos y morales, sostenidos en un marco de solidaridad y compañerismo, alejados de los vicios de la bebida y el juego.
Es digno de rendir homenaje al Prof. Laprida, descendiente directo del prócer, amante de desarrollar en la juventud un saludable espíritu competitivo.
Si bien algunos pueden argumentar el deterioro en el cual se encontraba recientemente la pista de ciclismo. ¿Acaso no hubiese sido posible restaurarla y consolidarla tal como se realizó con otras obras de la Provincia? Basta recordar el estado en el que se encontraba el Hotel Sussex, antiguamente Eva Perón, y donde hoy funciona la Cámara de Diputados de San Juan.
Gran utilidad hubiese significado para las jóvenes generaciones impregnarlos en los beneficios del deporte, desde la mismísima escuela primaria, dentro de un ámbito integrado en la ciudad capital.
Apena sustancialmente que no hayan existido voces de la comunidad para detener semejante despojo de nuestra memoria histórica, en particular de quienes se consideran herederos políticos del ideario de los hermanos Cantoni, cuya obra resultó ser la más progresista del siglo pasado.
Es necesario comprender que en un suelo atacado por sismos recurrentes, resulta indispensable destacar y proteger los hitos históricos y arquitectónicos que aún permanecen entre nosotros. Los pueblos deberían sostener en su memoria no sólo el relato sino también la protección de aquello que significa transitar con tangibilidad por lo que representa el patrimonio colectivo de la comunidad. Caso contrario podríamos estar navegando sin rumbo en medio de aguas tenebrosas, sin conocer el puerto de partida y hacia donde deberíamos orientar nuestro destino.
