La historia reciente del boleto de colectivos de transporte urbano se divide en dos etapas bien distintas y separadas por el fenómeno de la devaluación, en 2002. El precio se mantuvo en 0,70 pesos los tres primeros años, hasta que entró en una curva ascendente y hoy está a punto de llegar a 1,75. La tarifa sale de una compleja confluencia de variables que analiza el gobierno y que a partir de la inflación, se empezaron a mover más seguido. Hubo encarecimiento de los insumos, del combustible y una escalada salarial de los choferes; pero también un importante incremento en los subsidios nacionales que reciben las empresas para frenar el boleto. Los propietarios de los colectivos dicen que el último ajuste que dispuso la gestión giojista, que empezará a regir el domingo, es insuficiente (Ver Quejas…).
El valor del boleto es un tema sensible para cualquier gobierno. Miles de personas usan a diario el colectivo y un movimiento en la tarifa les repercute de manera directa en el bolsillo. Con el agregado de los estudiantes, que tienen una tarifa diferencial y que ante cualquier insinuación de aumento reaccionan para evitarlo.
En 1995 el precio del boleto mínimo, que corresponde a la primera y a la segunda sección, se fijó en 0,70 pesos y el escolar en 0,50. Siete años más tarde la Argentina salió de la convertibilidad y en 2005 se licitó de nuevo el servicio y se estableció el primer aumento de la década: el mínimo a 0,80 pesos y el escolar quedó igual. Desde entonces, el escolar subió por última vez a 0,70 pesos y el boleto común aumentó en cuatro oportunidades más -en 2008 fueron dos-, incluido el autorizado por la actual gestión el miércoles para que la tarifa llegue a 1,75 a partir del próximo domingo (Ver Un "error"). En conclusión, la suba acumulada asciende a un 150 por ciento.
En la evolución de costos que evalúa el gobierno para habilitar cada aumento, los sueldos tienen una fuerte incidencia. Desde 2002 a la fecha, los choferes tuvieron 11 mejoras de haberes, en algunos casos una por año y en otros dos. Juntas acumulan un 560 por ciento más, según los números de la Asociación del Transporte Automotor de Pasajeros (ATAP).
Para atender los ajustes salariales y contener la tarifa, el gobierno nacional dispuso un subsidio para todas las empresas del país. Se llama SISTAU y fue aumentando año a año. Comparando 2003 con 2010, la suba es de un 856 por ciento, muy superior a la escalada de haberes.
No obstante, los empresarios dicen que no les alcanza. Ricardo Salvá, propietario de El Triunfo, explicó que no sólo tienen incrementos porcentuales, sino más sueldos que pagar porque entre todas las firmas que componen ATAP tenían "antes 650 empleados y hoy son 1000".
En la balanza se suma el combustible. El Estado nacional subsidia a las empresas para que compren más barato el 80 por ciento de lo que consumen. Sin ayuda, en 2002 pagaban a 0,40 pesos el litro y hoy les cuesta 1 peso, contando el flete. El 20 por ciento sin subsidio lo pagan a 3,86 el litro, según ATAP.
