"La naturaleza es una triste cosa, sin olores, ni sonidos, ni fragancias: todos sus atributos son puramente humanos”, dijo Whitehead. Muchos afirman que la realidad es subjetiva, pero sin embargo, resultan los creadores de infinidad de cosas, tales como: artes, novelas, escritos, poesías, juegos, canciones, entretenimientos y diversiones. Es que la inteligencia humana, junto a la imaginación, destrezas, permiten crear todo tipo de actividades, incluso el juego. Precisamente, el fútbol resulta en la actualidad la diversión por excelencia, la pasión de multitudes, creado por la humanidad para distracción y competencia deportiva. También, detrás de la pelota subyacen intereses, ideales, y la búsqueda activa de la felicidad.

Pero, ¿el fútbol resulta una expresión de la naturaleza humana o sólo una triste cosa? Si alguno, vio el último partido del superclásico argentino por la Copa Libertadores de América Boca-River, afirmará "que no se perdió nada”. E incluso, algunos irán un poco más lejos, diciendo que estamos en una realidad compleja donde la bravura, violencia, carcome a la sociedad”. Además, aseguran que el fútbol es un claro espejo de lo que es el hombre en estos tiempos, y que hay "tristes cosas”, como la violencia, un tema difícil de prever. Oportunamente, la imagen de video filmaciones nos avergonzaron en las portadas de los diarios mundiales, anunciando lo inesperado: "El superclásico fue suspendido por agresión a jugadores de River”. Y, Argentina, mostró la hilacha, en su exportación distintiva.

Ahora, la desazón y todo tipo de infortunios de desfachatez, opacaron una fiesta. Esa noche, el fútbol demostró un rostro negativo del deporte, no muy lindo, sino de divisiones y violencia encarnada, en una causa judicial ¿Será que lo anunciado por pensadores pretéritos se empieza a cumplir? En esa noche, un acto concreto ejemplificativo, nos demostró una vez más, que la pasamos mal humanamente, hasta cuando buscamos relajarnos, distraernos o disfrutar de un momento único. Hemos pasado de "la cosa a la angustia asfixiante”. El hombre tan preocupado por lanzarse a la conquista de los multifacéticos espacios universales, terminó desconociéndose a sí mismo.

Ya no vivimos el tiempo del ser, que tanto preocuparon a Heráclito, Parménides, Sócrates, Aristóteles y Heidegger. Ahora, subyace el tiempo de la propia nada en una angustia millonaria selecta, y de vergüenza desopilante. Nada conmueve, sino que todo resulta, lo más natural posible.

No obstante, ¿corresponde hacer un juicio de valor al respecto? No es óptimo, sino el de intentar ser un espejo de la realidad. Algunos dirán que resulta un desgarro leer los diarios, porque están llenos de intereses mezquinos y podredumbre chata. Todo nos pesa. Pero, también se equivocan, si el fútbol, escritura, arte, novela, música, y todo lo que imaginación humana pueda dilucidar, también resultan una expresión de la nobleza del hombre ¡Si! Es nobleza fuera del rigorismo, "cuando esa angustia asfixiante, hecha algo, resulta un camino para volver a la cosa” ¿En qué anda la humanidad? ¿En qué el deporte? ¿En dónde deambula la religión? ¿Qué piensan los intelectuales? Ante tanta gente encapsulada, todavía nos susurra al oído, aquel trueno que nos dice que Dios no nos ha olvidado, "porque el hombre es capaz de salir del engranaje de la barbarie”.

"El volver a sí mismo”, constituye un camino. El amor sobre la competencia. El arte de "lo sublime y lo bello de Kant”, al "ser y la nada” de Sartre. El existencialismo de Kierkegaard al racionalismo de Hegel. Un brutal Dostoievsky a lo mojigato de Robbe-guillet. Recientemente, vi la presentación de una ponencia de arte, en la Universidad Nacional del Comahue. Allí, conocí que un amor sin fronteras le hizo a Nino Amato, dejar su patria. Llegado de Italia vino a vivir a la Patagonia. Me impactaron sus palabras de español dificultoso, cuando lo vi, a éste médico, escritor y sensible actor que observó al mundo: "Me cuesta creer que se peleen por pequeñeces en tanto individualismo”. Y, bienvenido, a la Argentina de la desfachatez, insistiendo que el deporte, junto al arte, música, escritura, también permiten volver de "la triste cosa”, a lo "puramente humano”. Del surrealismo al realismo. La politización de las cosas. De la violencia doméstica y de género pasional, a lo racional de lo bello y lo sublime. Nada de ello mostramos al mundo. Sólo triunfó una vez más la desfachatez y la barbarie de la ignorancia. La Argentina partida. Sin embargo, ante la triste cosa, remarco la calidez de Holdhealing: "El hombre es un Dios cuando sueña, un mendigo cuando piensa”.