El desperdicio de alimentos, una verdadera controversia de la humanidad, plantea gravísimos problemas a la misma civilización que los crea. Por un lado, más de 870 millones de personas padecen hambruna crónica al no alcanzar las mínimas condiciones alimentarias de subsistencia mientras por otro se desperdician anualmente alrededor de 1.300 millones de toneladas de comida apta para el consumo.

Este despropósito tiene a la vez alto costo económico, más allá de los 750.000 millones de dólares en desperdicio de comida, sin contar la inutilización de la pesca, ya que deteriora los recursos naturales de los que el hombre depende para hacer sostenible la cadena alimentaria. Es decir, acentúa el daño medioambiental, específicamente con alteraciones climáticas, en el uso del agua y el suelo, y la biodiversidad. Es que los alimentos no consumidos terminan pudriéndose en los vertederos de basura, grandes generadores de metano, el gas de efecto invernadero más perjudicial que suma anualmente unas 3.300 millones de toneladas a la atmósfera del planeta.

En las conclusiones de un detallado informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), firmado por el director, el brasileño José Graziano da Silva, se insta a todos los responsables de esta incoherente falta de solidaridad -agricultores, pescadores, procesadores de alimentos, distribuidores, supermercados, gobiernos locales y nacionales y consumidores-, a hacer cambios en todos los eslabones de la cadena alimentaria humana para evitar el desperdicio de comida, y reutilizar o reciclarla cuando no se pueda impedir.

Las prácticas inadecuadas de producción, comercialización y consumo implican un 54% de desperdicio mundial de alimentos en etapas iniciales de la producción, manipulación y almacenamiento post cosecha, el 46% restante ocurre en el procesamiento, distribución y consumo, tanto en los países emergentes como desarrollados, según el informe.

Se resalta que el desperdicio de cereales, frutas y hortalizas en Asia, europa y Latinoamérica tiene daño ambiental por su impacto en el manejo del agua y el suelo, mientras que la mayor pérdida de carne tiene lugar en países de altos ingresos y en Latinoamérica.

La exhortación de la FAO es un llamado a la conciencia contra una crueldad ignominiosa que afecta a millones de seres hambrientos y contribuye al daño ecológico.