La cuestión sobre la soberanía de Malvinas sigue puntual en la agenda de la política internacional. Últimamente nuestro canciller, Héctor Tímerman, no solo denunció que el Reino Unido no cumple con los tratados por los cuales "’los problemas entre los países deben ser resueltos de manera pacífica y a partir del diálogo” sino que, además, los 33 países que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), emitieron una declaración conjunta de apoyo a la Argentina en su permanente demanda por los territorios insulares usurpados por el Reino Unido.

Las reuniones en La Habana, la semana pasada, con planteos contra la pobreza y la desigualdad como temas centrales,

también dieron lugar al tema Malvinas. En oportunidad de la apertura, nuestro representante reiteró explícitamente la situación de la soberanía argentina en el Atlántico Sur, denunciando a la vez que Londres sigue rechazando el diálogo para poner fin al diferendo, tal como ha recomendado reiteradamente la Organización de las Naciones Unidas.

La problemática que fue planteada por nuestra Cancillería dejó entrever un conflicto de poder soberano, pues, es ahora la población isleña con su obstinada posición de autodeterminación, la que da origen a una posición intransigente sustentada por las autoridades británicas para hablar de la soberanía en cualquier acercamiento que se intente para resolver el viejo pleito colonialista. Esta concepción de soberanía popular, defendida por la comunidad de origen británico, está fuera de discusión frente al concepto de soberanía nacional, que toma el legado histórico documentado de manera contundente por nuestro país.