La situación insostenible por falta de alimentos, medicinas, altísima desocupación e inseguridad, empujan a los venezolanos a abandonar el país que fue uno de los más ricos del mundo y atraía a inmigrantes de Europa y Medio Oriente. Los demógrafos la llaman "diáspora venezolana” y dividen la huida en dos etapas: la primera y masiva fue de ricos y la clase media refugiándose en países amistosos. La segunda está en marcha y es de gente desesperada por subsistir cruzando las fronteras del "paraíso chavista” a costa de perder la vida.  

Según estudios académicos, por lo menos 200.000 venezolanos se fueron del país en el último año y medio, impulsados por la crisis humanitaria y la creciente delincuencia que la escasez fogoneó. El experto en migraciones de la Universidad Central de Venezuela, tomás Páez, sigue de cerca la gran aceleración del éxodo que impulsan las propias familias en las nuevas generaciones. El catedrático dice que los padres prefieren despedirse de sus hijos en el aeropuerto antes que en el cementerio. 

Otros miles de venezolanos desesperados y de menores recursos, se lanzan a atravesar la cuenca del Amazonas para entrar en Brasil o llegar en botes a las islas de Curaçao y Aruba, muchos nadando desde el lugar donde los dejan los traficantes. Es tal vez la novedad más alarmante porque refleja una imagen emblemática de las peligrosas travesías de quienes escapaban de Cuba o Haití, pero jamás se podía imaginar de los habitantes de Venezuela, un coloso petrolero.

 
El fracaso rotundo de la revolución bolivariana y la obstinada negativa de Nicolás Maduro de abandonar la Presidencia devenida en feroz dictadura, catapultó la diáspora.