En San Juan sos feliz con un chori y la coca, en las vacaciones pedís un waffle de jamón y queso y un exprimido multi frutal. En San Juan te colocás la crema rosadita sólo dos o tres veces al año, en vacaciones te ponés todos los santos días bronceador factor no sé cuánto, protector solar, emulsión y gel post solar.
En San Juan salvás el desayuno con unos mates y una semita, en vacaciones tomás doble café con leche más churros rellenos de pastelera y dulce de leche. En San Juan caminás el centro siempre por la sombrita, en vacaciones a las siete y diez de la mañana ya buscás el mejor lugar de la playa para absorber todos y cada uno de los rayos solares que anden por ahí. En San Juan sos formal, no te mostrás con el torso desnudo ni delante de tu familia, en vacaciones paseás tu prominente abdomen libre de ropas aún de noche y en la peatonal del lugar. En San Juan detestás el puchero, sobre todo la verdura, en vacaciones todas las tardes llamás a los gritos al vendedor de choclos. En San Juan el último acto parecido a hacer gimnasia lo practicaste ese día que la tribuna popular del club estaba repleta y subiste treinta escalones, en vacaciones te ponés a las órdenes de un profe en la piscina o el mar para, junto con otros cincuenta como vos, practicar gym acuatic. En San Juan jamás te permitirías tirarte un lance con alguna compañera de trabajo y ni tan siquiera con una desconocida, a las vacaciones no llevás tus prejuicios y lanzás piropos a diestra y siniestra dejando una sensación más bien ridícula que es producto de tanta inactividad en la materia.
En San Juan con un vino fresco en jarra te sentís pleno, en vacaciones le solicitás a la camarera la carta de varietales, a propósito en San Juan le pedís siempre al almacenero el vino más rico y económico que tenga, en vacaciones te permitís por tu condición de sanjuanino asesorar a todos los pasajeros del hotel sobre el vino a consumir. En San Juan la última bebida más o menos fuerte que tomaste fue el moscato aquel que te regaló un tío de Albardón, en vacaciones al poniente todos los días pedís en el parador una caipiriña o una caipiroska.
En San Juan la novela que dan por la tele a las nueve de la noche es sagrada, en vacaciones a esa hora analizás concienzudamente cada objeto que te ofrecen los artesanos de la zona. En San Juan el colchoncito de tu casa ya adoptó tus formas y está hundido en el medio, en vacaciones dormís a pata tendida en un magnífico sommier.
Amigo turista que emigrás desde San Juan, nunca olvidés una verdad irrefutable: no es nada irse de vacaciones, el tema es que un día hay que regresar. Los elementos que componen tu cotidianeidad suelen ser hermosos, no hace falta cambiarlos, ya lo dijo Tolstoi una vez y quedó para siempre: "pinta tu aldea y habrás pintado el mundo".
