El 7 de junio fue elegido en nuestro país como "Día del periodista" porque en aquella fecha de 1810, pocos días después de finalizada la Revolución de Mayo, Mariano Moreno fundó La Gazeta de Buenos Aires, semanario que constituyó una experiencia pionera en el periodismo de nuestra etapa independiente.
Aunque aquella publicación patria dejó de publicarse en 1821, desde su primer número marcó un camino que aún hoy es un ejemplo a seguir, ya que en su primera página abogaba por la libertad de prensa al afirmar Moreno: "Felices tiempos aquellos en que se puede sentir lo que se quiere y decir lo que se siente".
Desde hace algún tiempo, el periodismo argentino sufre serias descalificaciones desde los ámbitos del poder político. Cada discurso presidencial entraña desde hace unos años amonestaciones a los periodistas y a los medios, como si los trabajadores de prensa inventaran la realidad de la Argentina que, según Cristina Fernández de Kirchner, lo que se informa y comenta no pertenece al "país real", que es compartido con su círculo íntimo, sino al "país virtual", curiosamente habitado por la mayoría de los argentinos.
Hace varias semanas que el diario Crítica de la Argentina, que se edita en la Capital Federal y tiene alcance nacional, ha dejado de salir a la calle. Dado el curso de los acontecimientos, no es improbable que esta publicación, que en sus dos años de vida se caracterizó por su independencia, ya no vuelva a tomar contacto con sus lectores.
Curiosamente, la lamentable desaparición de "Crítica" de la escena nacional coincide con nuevas publicaciones de este tipo, pero con marcado acento oficialista. Son medio periodísticos cercanos al poder que se suman a la tarea de facilitar el deterioro permanente que sufren los medios independientes.
A lo largo de sus años de permanencia en el poder, el modelo ya no disimula su desconocimiento del papel que desempeñan los medios y periodistas independientes para el perfeccionamiento de los actos de gobierno. La crítica oportuna debe ser considerada por los gobernantes como un llamado de atención para reencauzar el rumbo. En definitiva la libertad de expresión debe ser una garantía no sólo para los periodistas sino para todos los ciudadanos afectados.
En la Argentina, el cruel asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas sigue siendo una advertencia sobre los extremos a los que pueden llegar aquellos que quieren silenciar a los periodistas.
