La nota sobre el lamentable caso de discriminación del que habría sido víctima Mauricio González, un joven autista, Down y ciego al que, de acuerdo a lo denunciado por su madre, se le han cerrado las puertas de la escuela de Educación especial de Sarmiento, requiere una profunda investigación. A los argumentos señalados por la progenitora en una publicación, se sumaron las críticas de los lectores de uno de los artículos más leídos en nuestra edición digital del pasado domingo.

La Constitución Nacional establece en el art. 75, inciso 23 con prístina claridad que se deben: "’Promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad”. De acuerdo a las afirmaciones de docentes que han trabajado en ese establecimiento educativo especial, lo que allí sucede sería grave debido a irregularidades que incluirían hostigamiento y persecución, lo que dificulta el desarrollo de una tarea educativa que requiere un ambiente de serenidad y colaboración cordial para promover sin excluir.

En el acto conmemorativo de la Independencia Nacional del 9 de Julio, antes de comenzar el receso invernal, la directora de la escuela citada informó a los padres que todo lo que había salido a la consideración pública distaba de ser verdadero y que tanto ella como la vicedirectora lo habían planteado a la ministra del área y los supervisores. De todas maneras es de esperar que las autoridades educativas lleven a cabo una investigación objetiva, de manera de deslindar responsabilidades, a fin de revertir y corregir errores, con castigo a los culpables si así lo determinan las conclusiones.

En 1964, Jean Vanier, un exmarino y profesor de filosofía canadiense, fundó las comunidades "’El Arca”, que hoy son más de 170 en todo el mundo, donde personas con dificultades mentales, o desamparadas, encuentran a quienes quieren vivir con ellas como en una pequeña familia. Vanier decidió vivir con ellos y dijo: "’Fue la primera vez que tuve ocasión de encontrarme con personas rechazadas y profundamente heridas. Quedé impresionado por la calidad de su corazón, por su simplicidad, por su deseo de relación. La mayor discapacidad es la afectiva, la de quienes no descubren el valor de cada persona y las que aunque se crean sin discapacidades sufren la peor de ellas: la del corazón”.

Para educar se requiere corazón y aprendizaje del amor a la diferencia.