En toda narración histórica los hitos fundamentales son las fechas y el lugar, sin ellos los hechos pierden veracidad y se convierten en cuentos, narraciones, fantasías o simplemente inventos. De ahí el interés de localizar los fenómenos, las fechas, los personajes intervinientes y con la ayuda de las fuentes podemos encuadrar los hechos en su época y lugar. El lugar tratado actualmente es Luján, ese fue el campo de batalla, testigo del penoso trajín de la faena. Doña Ana fue como un sutil grano de arena, como una gota de agua en el mar. Sus ideas y accionar, por la que la evocamos, han sido hasta hoy como una luz entre los astros refulgentes.
El nombre de Luján: Algunos creen que proviene de los aborígenes Lojae, mencionados por don Juan de Garay en el reparto de tierras hecho el 28 de marzo de 1582, otra tesis más firme y con mayores adeptos fue que debe su nombre al capitán Pedro de Luján fallecido a orillas del río. El Adelantado don Pedro de Mendoza mandó a su hermano Diego acompañado por destacados capitanes, llegaron a orillas del río y en las proximidades se encontraron con un grupo de aguerridos indígenas que los atacaron. Allí muere don Pedro de Luján, sobrino carnal de don Pedro de Mendoza, junto a 38 hombres el 15 de junio de 1536 en la festividad de Corpus Cristi. Posiblemente de ahí el nombre de Luján, que aparece por primera vez en 1541 en el portulano de Nicolás Desliens y en documentos públicos el 24 de octubre de 1580.
La historia: Fue monseñor Juan Antonio Presas, Vicario General emérito de la Diócesis de Morón, el gran historiador. Estudió la biografía de todos los personajes que en los primeros cien años tuvieron alguna actuación en el culto de Luján y Sunampa, consigna la cartografía y las bases científicas de la historia. Es una obra de gran envergadura, hace referencia crítica de todos los trabajos anteriores y los documentos de primer nivel y probanza, con ayuda de otras personas como Raúl Alejandro Molina (1897-1973). Su colaboración fue monumental: 145.000 fichas consultadas desde 1580 a 1725, "Expositor entretenido y lleno de vida" (Boletín Academia Nacional de la Historia N. 40 p.151)
La imagen: Para la época tratada (siglo XVII), en Pernambuco, Brasil existía un importante centro donde se fabricaban imágenes en terracota. El que trajo las imágenes era portugués, parece ser que era capitán de navío, llegado al puerto de Buenos Aires las acomodó en un carretón y penosamente las condujo hasta la estancia llamada de Rosendo en Luján en 1630, allí pernoctó y al día siguiente trató de seguir el viaje para Córdoba y Sunampa, pero los bueyes no podían mover el carretón, sí cuando bajaban la imagen. Rosendo construyó una capilla donde dejaron la imagen de la Virgen, así empezaron las peregrinaciones a Luján, pero al morir Rosendo, la estancia sufrió un atraso y la casa no podía albergar a tanta gente, años más tarde, probablemente en 1671, doña Ana de Matos pidió y compró la imagen para erigirle en su propiedad una capilla que también se hallaba de la banda del río Luján.
Doña Ana de Matos es la figura femenina más importante de la historia: era hija legítima del Capitán Lázaro de Matos y doña Francisca de Encina, descendiente directa de los primeros Conquistadores. A los 15 años contrae matrimonio con el sargento, luego Alcalde Ordinario y Alférez real del Cabildo, don Marcos de Siqueiros, vecino de fortuna. Al fallecer éste, Ana fue su heredera universal. Recibió mercedes en Arrecifes y Luján. Hizo donación del sitio que se necesitaba para levantar la capilla, más el terreno necesario para recibir a los fieles. (Parte del terreno es un baldío sobre calle San Martín esquina 9 de Julio). Donó además una suerte de estancia (Cuartel V o barrio de santa Elena), que era conocida como estancia de la Virgen. Agotados los ganados cimarrones los aborígenes atacaron a Luján en 1740. La población buscaba la protección agrupándose en torno a la capilla y así se fue conformando la parte urbana. Estas tierras en el gobierno de Martín Rodríguez, ministerio de Bernardino Rivadavia, además de clausurar el cabildo confiscó los terrenos siguiendo con el despojo que hizo la Reforma del Orden Eclesiástico.
En 1901 se proclamó oficialmente a Nuestra Señora de Luján como patrona principal de la Diócesis del Plata. El 6 de octubre de 1930 se consagra el templo como Santuario de N.S. de Luján y S.S. Pio XI le otorga el título de Basílica. Hoy es visitado el santuario por millones de personas.
Aunque no se la recuerde a Ana de Matos como se debe, la evocamos teniendo en cuenta aquello de que el agradecimiento tiene tres formas: un sentimiento en el fondo del corazón, una expresión de reconocimiento y un obsequio de compensación. Considerando desde el lejano 1630 hasta el día de hoy, el recuerdo de esta mujer quedó para siempre como la fruta y la flor.
(*) Miembro de Número de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina.
