Aníbal Fernández, quien será a partir de hoy jefe de Gabinete, monopolizó durante seis años el manejo de la Seguridad, una de las principales preocupaciones de la sociedad.

Fernández asumió formalmente el cargo de Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos el 10 de diciembre de 2007, aunque -en rigor- durante los años de Néstor Kirchner su misión había sido estar al frente de la cartera política de la que, hasta ese momento, dependían las fuerzas de seguridad nacionales y federales.

Para el Gobierno, el principal triunfo de Fernández durante su gestión tuvo que ver con resistir y defender la soberanía del Gobierno sobre la Policía Federal: así, evitó entregarle al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, cualquier recurso económico en sus intentos por armar la policía porteña.

Y fue en el marco de evitar la "criminalización de la protesta" que piquetes, cortes de calle y manifestaciones cuestionadas pudieron llevarse adelante.

Mientras tanto, Fernández supo correrse de los reclamos por la inseguridad que, en gran medida, afectan a la provincia de Buenos Aires. Con cada hecho de violencia que saltaba a los medios y se le reclamaba una respuesta, el responsable de la seguridad nacional aludía a la labor de la Policía Bonaerense. El caso más resonante fue el asesinato de Axel Blumberg, que obligó al Gobierno a admitir cambios en la legislación penal.

En su gestión, el ahora jefe de Gabinete llevó adelante una polémica embestida para evitar que los consumidores de drogas terminaran ante la Justicia o en la cárcel. Llegó a decir incluso que soñaba con el día en que un policía llevara al adicto al hospital en vez de a la comisaría y desde su gestión se instó a los uniformados en la calle a no detener a esta clase de infractores.

No obstante, Fernández no logró aún imponer la ley para despenalizar a los consumidores, mientras que la Corte Suprema de Justicia tampoco se pronunció finalmente sobre este tema clave, aunque varios fallos de cámara ya avalaron esa postura.

Con sus duras declaraciones, Fernández no guardó reparos tampoco a la hora de fustigar a aquellos jueces que, a su criterio, actuaban erróneamente.

Una de las últimas de sus polémicas declaraciones tuvo que ver con el problema de las barras bravas en el fútbol: aseguró que ese flagelo consuetudinario es responsabilidad de los clubes.