La estrepitosa caída de la economía venezolana sigue marcando récords y las cifras del colapso son seguidas con asombro por los observadores internacionales. Recién el viernes último, con más de un mes de retraso, se conocieron las cifras oficiales de la inflación anual que cerró en 68,5%, que supera al 56% de 2013 y de mantenerse el ritmo podría acercarse al 100% al finalizar el año en curso. Estos números ya superaron a las que afectan a las deplorables economías de los países africanos sumidos en la pobreza.

El caso de Venezuela es diferente, al tratarse del quinto exportador mundial de crudo, un recurso que le aporta más del 90%

de sus divisas, y si bien la caída del precio del barril impacta en la economía como en todos los países petroleros, en la nación bolivariana causa estragos por el manejo político de la crisis que hace el gobierno de Nicolás Maduro. El mandatario, como su antecesor, Hugo Chávez, no diversificaron el PBI y, por el contrario, hicieron de Venezuela un país altamente dependiente de las importaciones, y por ello la escasez de divisas y la alta inflación condicionan al mercado interno. De allí el desabastecimiento de alimentos y productos de primera necesidad, incluyendo insumos médicos.

Acosado por el malestar social, Maduro, dispuso una serie de modificaciones en el rígido sistema cambiario, establecido en 2003, en un intento de reimpulsar la economía, lo que no será fácil por el castigo del chavismo a la inversión privada y confiscaciones de empresas, un grave error del estatismo ideológico, el mismo que dilapidó los enormes ingresos producidos por una década de precios históricos del petróleo hasta más de 150 dólares el barril.