San Juan, 6 de agosto.-
“Little Boy” cayó desde el B-29 norteamericano Enola Gay, cortando la luz de la mañana y lanzándose contra Hiroshima. El Coronel Paul Warfield Tibbets siguió su vuelo mientras la bomba atómica explotaba con un “destello como el de un rayo” en una enorme callampa de humo y escombros.
Un oficial japonés que sobrevivió al ataque describió la destrucción, diciendo que “Por todos lados, encontraba muertos y heridos. Algunos estaban hinchados y quemados . Una visión horrorosa, sus piernas y cuerpos desnudos y quemados. Toda la vegetación verde, desde pastos hasta árboles, murieron en este periodo.” La bomba destruyó un 60% de la construcción de la ciudad, y la revista Time informó que, de los 344,000 residentes de Hiroshima, el numero de miles que murieron “puede no saberse jamás.”
Tres semanas antes, Estados Unidos había conducido el Trinity Test, detonando la primera bomba atómica del mundo. El Presidente Harry S. Truman entregó un ultimátum a Japón el 26 de julio, demandando que se rindiera incondicionalmente para terminar con la Segunda Guerra Mundial o se preparara para enfrentar la “destrucción total.” Los líderes japoneses rechazaron los términos de la Declaración de Potsdam de Truman y las fuerzas de Estados Unidos se volvieron hacia la bomba atómica, no encontrando otra alternativa para terminar con la guerra.
El conflicto Pacífico había surgido cuatro años antes, cuando Japón bombardeó Peral Harbor, involucrando a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
La explosión cayó sobre la ciudad de Hiroshima, un importante centro militar, justo antes de la madrugada del 6 de agosto. En un informe de prensa más adelante esa mañana, el Presidente Truman dijo que “Si no aceptan nuestros términos, pueden esperar una lluvia de ruinas desde el aire, como nunca antes se ha visto en esta Tierra. Destruiremos sus muelles, fabricas y comunicaciones. Que no haya error; destruiremos completamente la capacidad de Japón para hacer la guerra.” Maravillándose por el poder de la bomba atómica, Truman prometió hacer recomendaciones al Congreso sobre cómo el poder atómico podría utilizarse para mantener la paz mundial.
Los medios japoneses se refirieron a “Little Boy” como un arma “diabólica” y “de sangre fría,” diciendo que “todos los organismos vivos, tanto humanos como animales, fueron quemados hasta la muerte por la bomba.” La Radio Tokio argumentó que el ataque fue una “violación de la ley internacional, que prohíbe a los atacantes un rango ilimitado de medios de destrucción.”
