La atípica inundación que afecta a una amplia zona del norte de la provincia de Buenos Aires y calificada de "tragedia” por el Gobierno nacional, por los graves daños causados y con más de 6000 evacuados, es propia de un extraordinario fenómeno natural con precipitaciones de 400 milímetros de lluvia en sólo 72 horas y los efectos del viento que demoran el escurrimiento de las aguas en zonas urbanas.

El problema se agrava por las insuficientes obras de infraestructura, como defensas y canales de desagüe para contener la furia del temporal -como lo admitieron las autoridades-, aunque se conocen proyectos que se anunciaron para tal fin e incluso con financiación asegurada, pero lamentablemente postergados en los últimos 12 años, según denunciaron los pobladores de los distritos más afectados, caso de Luján, Mercedes, Salto y San Antonio de Areco.

En este contexto, la respuesta oficial señaló la inédita cantidad de agua caída pero también acusó al trabajo de los productores rurales como agravante de la tragedia. De acuerdo a las expresiones del jefe de Gabinete, se han constatado

algunas inconductas en muchos campos que para beneficiar su producción, corren los canales, una maniobra absolutamente ilegal y, además, muchos traen aguas de otras cuencas a la zona afectada por lo que se multiplica el problema. Además se culpa al método de siembre directa como responsable del caos hídrico, lo que es un verdadero despropósito.

El sistema de siembra directa, ideado en la Argentina, ha revolucionado a la producción rural y ha sido adoptado en otras regiones del mundo por su efectividad en brindar cosechas abundantes y, fundamentalmente, cuidar la fertilidad de los suelos evitando a la vez que el agua corra con más velocidad, lave los campos, por lo que ayuda a la filtración. Todo lo contrario de las afirmaciones de los funcionarios.

La técnica de siembra directa en absoluto puede perjudicar la capacidad de absorción de la tierra porque si el método tuviese tal efecto negativo, jamás hubiese sido aplicado en otras regiones productivas donde se ponderan sus beneficios, tanto en rendimiento de los sembradíos, como en la protección del suelo. Debe recordarse que junto al drama social de los pueblos inundados está el impacto en la actividad productiva y las cuantiosas pérdidas económicas.