El nuevo avión presidencial de Francia, un aparato de segunda mano que la prensa ha bautizado como el "Air Sarko One" supone un gasto de 176 millones de euros a las arcas del Estado mientras la presidencia anuncia recortes en el "tren de vida" de los miembros del Ejecutivo.

En lugar de encargar un nuevo aparato a la filial de EADS, el Gobierno eligió la opción "más económica" y adquirió en el mercado de ocasión un A300-200 de la aerolínea Air Caraibes al que la prensa ha encontrado un irónico pseudónimo que hace alusión al célebre avión que transporta al inquilino de la Casa Blanca, el Air Force One.

"El presidente de la República debería incluirse en la lista de los ahorros que pide a los otros y que él no se aplica jamás", declararon a Efe fuentes del Grupo Socialista en la Asamblea Nacional.

Las voces discordantes, entre las que predominan la del ex primer ministro Dominique de Villepin o la de la ex candidata presidencial Ségolene Royal critican que el jefe del Estado haya pedido sobriedad y que haya eludido bajarse el sueldo o renunciar a su nuevo avión, cuyo coste por hora de vuelo ronda los 20.000 euros.

Su diseño original, con capacidad para 324 personas, se ha modificado para embarcar a 60 pasajeros y dejar espacio para una habitación presidencial con ducha, un salón, una sala de reuniones y un centro médico.

Además, el avión estará equipado con el último grito en telecomunicaciones en vuelo (telefonía, fax, ordenador e internet para enviar mensajes codificados) y con un señuelo antimisiles para garantizar la seguridad de los mandos del Estado cuando tomen tierra en zonas de conflicto.

El cambio de avión, que reemplaza a un Airbus A319 comprado hace menos de una década y cuyo coste fue incluido en el Presupuesto de 2010, responde a la necesidad de ganar autonomía de vuelo, explica el Ministerio de Defensa.

Su adquisición, criticada por la oposición desde que se hizo pública, se justifica porque el Airbus que llevará a Nicolas Sarkozy por el mundo puede recorrer más de 11.000 Km sin escalas, frente a los 7.000 de su antecesor, que data de tiempos del ex presidente Jacques Chirac y ahora está en venta.

Es decir, que el jefe del Estado y los miembros del Ejecutivo que utilicen el avión podrán programar vuelos directos a Pekín o la costa oeste de EEUU, pero también a territorios ultraperiféricos franceses como la Isla de la Reunión, en el océano Índico.

Aunque anunciado, los detalles sobre el reemplazo del avión presidencial han trascendido a la prensa coincidiendo con la decisión de Sarkozy de apretar el cinturón gubernamental para adecuarse a los tiempos de austeridad que corren.

"La lucha contra el despilfarro será sistemática, a todos los niveles de la administración", advirtió el presidente galo esta misma semana, cuando anunció una batería de medidas de sobriedad en los desplazamientos de ministros y altos funcionarios, el número de coches oficiales y las ceremonias y recepciones.

El "imperativo moral" que animó a Sarkozy a sacar la calculadora acontece después de que varios escándalos relacionados con el derroche del dinero público hayan salpicado a varios miembros del Ejecutivo, como el caso del secretario de Estado de Desarrollo de la Región de la Capital, Christian Blanc, que se llegó a gastar 12.000 euros en puros, a costa del erario público.

Desde el Palacio del Elíseo, donde el ahorro ha propiciado la cancelación el próximo 14 de julio de la tradicional "Garden Party" para conmemorar el día de la República, prefieren no hacer comentarios sobre el avión con el que Sarkozy surcará los cielos.