Por el medio de la Libertador y sin preocuparse por los autos que venían y menos aún por el Fiat 147 que segundos antes había pasado a toda velocidad, los jóvenes zigzaguearon, copón en la mano, buscando su camioneta. Mientras discutían con el trapito que cuidaba autos, por detrás de ellos apareció otro grupo de jóvenes, con dos mujeres que poco podían hacer para mantenerse en pie. Como pudieron, todos subieron a sus vehículos y en ese estado se marcharon. El amanecer de los alcoholizados se da todos los fines de semana y el caso de la menor agredida, para los habitués de la noche, no afectó los ritos nocturnos.
Los jóvenes que salieron embriagados estuvieron en un boliche top de Rivadavia y lo hicieron cerca de las 6 de la mañana, pese a que la ley establece que la venta de bebidas alcohólicas en locales nocturnos tiene horario tope, las 3.30.
En un boliche de Libertador, a pocas cuadras de Urquiza, los chicos ganaron la calle con copones llenos de cerveza y entre los grupos, algunos eligieron sentarse en las plataformas de una concesionaria de autos a seguir bebiendo. Una mujer bajó las escalinatas del boliche del brazo de su acompañante, totalmente alcoholizada. �Luego, a la pareja se sumó un tercer hombre, tras orinar junto a un árbol, y el trío se perdió en la oscuridad.
Minutos antes, una chica también salió con un vaso de cerveza, vestida apenas con un jean y un top blanco pese al viento frío de la madrugada, y se fue en moto junto a dos varones, sin casco y entre risas y gritos eufóricos. Son postales comunes de la noche, que se mantienen pese a que desde 2001 existe la ley provincial 7.196, más conocida como Ley Seca.
Según un reconocido propietario de boliches, los jóvenes gastan entre $80 y $100 en bebidas alcohólicas por noche y en general, hacen juntadas de dinero para comprar varios copones de bebidas y compartirlos durante la madrugada. La bebida más pedida es el vodka y lo siguen el Martini y el champán, este último mezclado con energizantes, cada uno con un costo promedio de 50 pesos el vaso grande.
En Concepción, por su parte, uno de los encargados del operativo de alcoholemia que se armó en el Lateral de Circunvalación y Tucumán supervisaba las 15 actas de infracción que hicieron en pocos minutos, favorecido por la cercanía de un boliche.
El límite de alcohol en sangre permitido es de 0,50 y en la madrugada de ayer, al joven conductor de un VW Gol en el control le detectaron nada menos que 4,0, según informó el efectivo. Lo lamentable es que eso ya no es una sorpresa para los policías.
Por su parte, a pocos metros de uno de los boliches del Lateral de Circunvalación, pero entre Libertador e Ignacio de la Roza, dos chicas trataron de sostener a una amiga, a quien se le vencían las piernas, visiblemente embriagada. Estuvieron en un sector oscuro, bajo un árbol, tratando de ocultarla de las miradas. Recién cuando llegaron unos varones pudieron caminar y llevarla hasta uno de los vehículos estacionados.
Según los patovicas de las puertas de los boliches, los jóvenes llegan en grupo y se van en grupo. Y en muchos casos, a los locales ya ingresan alcoholizados por las famosas previas, las juntadas en alguna casa con presencia de alcohol. Fue en una previa en Santa Lucía que agredieron a la menor cuyo caso conmociona a la provincia.
Si bien está penada por ley la presencia de menores de edad en los boliches, el dueño de un local admitió que una táctica muy utilizada por los adolescentes es usar el DNI de un hermano o hermana mayor, que suele engañar a los controles.
En tanto, los denominados after, es decir, fiestas con más consumo de alcohol tras la salida de boliches, suelen gestarse en la misma madrugada. Generalmente se hacen en casas, fincas o locales no habilitados y los jóvenes usan las redes sociales para pasarse el dato. Es por eso que no son detectados por la Policía, que en líneas generales, sale con un listado de boliches para inspeccionar y las faltas que buscan son la venta de alcohol fuera de horario, presencia de menores y elementos como matafuegos o carteles de salida, entre otros.
