Nació en Córdoba en 1888 e inició su formación sacerdotal en el Seminario Mayor de la misma ciudad. Completó sus estudios teológicos en la Universidad Gregoriana de Roma, ordenándose sacerdote a los 24 años de edad y recibiendo el título de Doctor en Teología.
De regreso al país, se dedicó de lleno a la misión pastoral de las almas y a la enseñanza, siendo maestro de la juventud y prolífico escritor especialmente en temas de educación. También fue un gran orador de reconocida elocuencia.
Después de ser consagrado obispo y designado en Santiago del Estero, su santidad Pío XII lo designó arzobispo de San Juan de Cuyo (siendo el segundo arzobispo, luego de monseñor Orzali). Tomó la posesión en la sede arzobispal en la ciudad de San Juan, el 20 de abril de 1940.
En un artículo publicado por la Mag. Alejandra Biral, lo presenta como un sacerdote de talla más bien baja, imponente presencia, de frente amplia, tez blanca, ojos vivos, cejas bien pobladas, pelo renegrido, poseedor de un lenguaje culto, de voz suave y convincente, "su presencia imponía respeto”, sostiene.
Durante su permanencia en Córdoba le llega la terrible noticia del 15 de enero de 1944, sobre el terremoto en San Juan, cuya calamidad se hizo sentir de una manera muy profunda en la misma ciudad.
Al emprender el regreso a su provincia, el prelado va anotando todo lo que va encontrando en su paso y lo recoge en su sentida Carta Pastoral con motivo del terremoto de San Juan de Cuyo, a 21 días del mes de enero de 1944 (Tomado del artículo del Prof. Claudio Daniel Vera para la Fundación Bataller).
Visitó a los evacuados en el improvisado Hospital Central, en la Estación del Ferrocarril Pacífico, que emprendían viaje a Buenos Aires, silenciosos y resignados: "¡Pobres hijos míos! ¡Con qué emoción y cariño recibieron la bendición de su pastor!”.
El 21 de enero de ese mismo año, el automóvil que debía conducirlo a San Juan, llegó con la orden terminante de volver ese mismo día a Mendoza, porque iban a bombardear la ciudad al día siguiente. Sin embargo, el determinó en forma urgente su partida: "Era mi deber estar en San Juan y llegaría en cualquier forma, a pie si era preciso…llegar cuanto antes es mi única preocupación”.
"A poco andar (de Mendoza a San Juan), una procesión interminable, cada vez más compacta, de carruajes de todas dimensiones y de todo género, conduciendo familias y muebles y objetos abigarrados, desde la olla hasta el catre y el loro. Una verdadera evacuación. San Juan estirado a lo largo del camino que va a Mendoza…como miembros que flotan después de un naufragio”.
Con cuánta angustia relata su llegada al centro de la ciudad: "¡San Juan! ¡Cuánta ruina amontonada! ¡Cuánto dolor! ¡Qué enorme tragedia!…Mi Catedral, joya de los tiempos que pasaron, panteón de los próceres y de ilustres pastores, corazón y cerebro de las generaciones en marcha!
Ante el panorama, su primera medida será mitigar las necesidades que existen: "Di orden de que cuánto dinero hubiese depositado en mi nombre, fuera empleado en las necesidades más urgentes”. Además, supo acompañar a "los sanjuaninos en todas sus gestiones ante los poderes provinciales y nacionales”. Dispuso el corazón para empezar la ansiada reconstrucción de San Juan: "Reedifiquemos nuestra ciudad con alegría. Propongámonos hacerla bella y darle como fundamento incontrastable nuestras virtudes, de modo que llegue a sobresalir ante sus hermanas, como que fue purificada en el dolor”.
"Amados hijos nuestros en el Señor: sobre las ruinas de nuestra ciudad, de nuestra amada ciudad de San Juan; sobre este inmenso montón de escombros, sepulcro de vidas, de magníficas construcciones y de humanas vanidades, os dirigimos esta exhortación pastoral con el corazón partido y los ojos arrasados…”.
Por este tremendo motivo y para sobrenaturalizar estos hechos, tuvo la bella inspiración de crear la advocación mariana de Nuestra Señora del Tulum. Así el 24 de mayo de 1944 con todo el pueblo en ruinas a los pies del Corazón Inmaculado de María, decreta que todo el pueblo sanjuanino será devoto fiel y bajo la protección de ella estará el valle con la denominación de Nuestra Señora del Tulum, cuya primera imagen se bendice el 9 de octubre de 1949.
La Universidad Católica de Cuyo puso al Colegio Secundario el nombre de este importante obispo como memoria de tan reconocido trabajo y esfuerzo en bien de nuestra comunidad.
Recordamos hoy el 47mo. aniversario de su fallecimiento. Elevamos una oración de agradecimiento y petición por este eximio pastor y obispo según el corazón de Jesús. Que el pueblo no se olvide de quienes hicieron tanto por su reconstrucción.
