Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el tunecino hijo de un rebelde yihadista, era señalado ayer como el autor del atentado en la localidad francesa de Niza, que el jueves pasado provocó más de 80 muertos.
Chofer profesional, Bouhlel es señalado como un franco-tunecino de 31 años. Según sus vecinos, se trata de una persona solitaria y silenciosa. El sujeto es el titular del registro de conducir que la Policía encontró en el interior del camión con el que cometió el ataque del jueves pasado durante el recuerdo del asalto en 1789 de la prisión de la Bastilla, una antigua fortaleza que se había convertido en símbolo del despotismo real.
Además del registro de conductor, hallaron en el camión una tarjeta bancaria, un teléfono móvil, armas de fuego falsas y una granada que no funcionaba. El camión usado en el ataque del jueves fue alquilado por el propio Bouhlel el miércoles, en una localidad limítrofe de Niza.
Fuentes policiales citadas por medios franceses indicaron que el presunto terrorista es hijo de un hombre conocido como extremista islámico en Túnez e inscripto en el partido islámico Ennhadha. Según otras versiones, el hombre no sería franco-tunecino sino un emigrante tunecino de 31 años, residente en Francia desde 2011, con un permiso de estadía obtenido gracias al matrimonio con una franco-tunecina residente en Niza, con quien tuvo tres hijos.
Bouhlel era oriundo de Msaken, en la gobernación de Susa. Estaba registrado como delincuente común, pero hasta ahora no se tenía constancia de que se hubiera radicalizado en una red fundamentalista. Los testimonios de sus vecinos difundidos por la prensa dibujan a un hombre con antecedentes policiales por actos de violencia -y específicamente de violencia doméstica-, robo y otros delitos menores, aunque no estaba en el radar de los servicios antiterroristas.
El terrorista se hallaba en trámites de divorcio y tenía problemas con su familia en Túnez, supuestamente originaria de Susa,
donde hace un año murieron 38 turistas en un atentado. Bouhlel comenzó el ayuno pertinente durante el mes de Ramadán, pero ni siquiera llegó a concluirlo, de acuerdo con testigos, que aseguran que le gustaba frecuentar a mujeres en locales nocturnos.
También señalan que tenía permiso de conducir vehículos pesados desde hacía pocas semanas y que sufría dificultades financieras. Padre de tres hijos, Bouhlel no era, siempre a falta de la confirmación por parte de las autoridades, una persona conocida por sus convicciones religiosas.
Bouhlel, que el jueves fue abatido por la Policía, ‘tenía problemas con su esposa, de violencia. Ella le pidió el divorcio‘, apunta un vecino, mencionando una información que fue confirmada oficialmente por las autoridades. La policía irrumpió en el departamento de la todavía esposa del atacante -el divorcio está en proceso- y se la llevó para interrogarla.
