Seis años después de su muerte, el Papa Juan Pablo II quedó ayer a un paso de la santidad para la Iglesia Católica, luego de una jubilosa ceremonia de beatificación que atrajo a cerca de un millón y medio de personas, la mayor multitud congregada en Roma desde su funeral en abril de 2005.
"¡Juan Pablo II es beato!", exclamó con solemnidad en latín el papa Benedicto XVI a las 5.38 hora argentina, estableciendo que el día festivo de su predecesor será el 22 de octubre, cuando Juan Pablo II inició su histórico pontificado en 1978.
Ante las ovaciones de cientos de miles de personas, un enorme tapiz que mostraba la cara sonriente de Juan Pablo II fue desplegado segundos después de la proclamación de beatificación por parte de Benedicto XVI, quien vestía resplandecientes túnicas en blanco y dorado.
El pontífice alemán, de 84 años, explicó que había sido su deseo que el proceso de beatificación se llevara a cabo "con bastante rapidez" porque ya durante los funerales de Juan Pablo II se podía percibir el "aroma de su beatitud".
La causa de Karol Wojtyla se había iniciado tres meses de después de su muerte, cuando normalmente suele comenzar como muy pronto cinco años después.
En el momento de la beatificación muchos fieles rezaban, mientras que otros no podían contener las lágrimas de emoción. La Plaza de San Pedro estaba desbordada de gente y la multitud llegaba hasta el río Tíber, a más de un kilómetro de distancia.
La multitud de devotos, muchos portando banderas naciones y cantando himnos, llegó hasta la zona del Vaticano desde todas las direcciones desde antes del amanecer, a fin de poder ver la misa de cerca.
Muchos acamparon fuera durante la madrugada en la plaza, que estaba repleta de pósters y fotografías del fallecido pontífice, además de carteles con una de sus citas más famosas: "No tengáis miedo…de mirarlo a él (Cristo)!".
En su homilía, Benedicto XVI comentó que el fallecido papa, a quien elogió por tener "la fuerza de un titán" y quien le dio a millones de personas la "fuerza para creer", bendijo multitudes miles de veces desde su ventana hacia la plaza.
"Bendícenos ahora", pidió Benedicto.
Muchos fieles provenían de la nativa Polonia de Juan Pablo II. Decenas de banderas polacas en blanco y rojo podían verse por sobre la multitud y se escucharon ovaciones cuando un grupo de polacos liberó globos con un enorme cartel con las palabras "Gracias, Dios".
Un puesto de honor fue reservado para la hermana Marie Simon-Pierre Normand, una religiosa francesa que sufría de enfermedad de Parkinson, pero cuya inexplicable cura ha sido atribuida a la intercesión de Juan Pablo II ante Dios para realizar un milagro, permitiendo la beatificación del Papa.
El Vaticano tendrá que atribuir otro milagro a Juan Pablo II tras su beatificación antes de declararlo santo.
El Papa fue beatificado el día en que la iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, que este año cae el 1 de
mayo, la fecha más importante en el mundo comunista.
La coincidencia es irónica, dado que muchos creen que Juan Pablo II tuvo un rol clave en la caída del comunismo en el este de Europa.
El ex presidente polaco Lech Walesa, líder del sindicato Solidarnosc que fue encarcelado por los comunistas, estaba en la Basílica.
Unas 90 delegaciones oficiales de todo el mundo, entre ellas la de Argentina que encabezó el canciller Héctor Timerman, incluyendo miembros de las cinco familias reales europeas y 16 jefes de Estado, estuvieron presentes durante la beatificación.
El ataúd de Juan Pablo II fue exhumado el viernes de su cripta debajo de la Basílica de San Pedro y fue colocado
frente al altar principal. Permanecerá ahí y la basílica seguirá abierta para recibir a todos los visitantes que deseen
verlo.
Benedicto fue el primero en presentar sus respetos ante el ataúd, que tenía una biblia encima, seguido por cardenales, la realeza y jefes de Estado.
Luego será trasladado a una nueva cripta situada bajo un altar en una capilla cercana a la estatua de la Piedad de
Miguel Angel. La losa de mármol que cubrió su primer lugar de sepultura será enviada a Polonia.
