Algunas pautas se evidenciaron la semana pasada en el VI Foro Internacional Vitivinícola, cuando un grupo de expertos internacionales de Australia, España, Chile y los Estados Unidos, advirtieron sobre las claves de por dónde pasará el negocio del vino de los próximos años y en tiempos de mercados saturados. Los analistas coincidieron en que la sobreproducción de caldos básicos causa trastornos en cualquier estructura. Por lo menos en Europa, le apuntan a elevar la competitividad, aumentando la calidad de los vinos y diferenciándolos. Financian un plan que lleva dos años de erradicación de viñedos. Con éste objetivo, la Comunidad apuesta fuerte a la promoción de sus vinos: Con fondos para la promoción -calculan que en un programa de 4 años van a invertir en promoción unos 5 mil millones de euros-. Pero la particularidad y el objetivo de estos fondos, es que no estarán dirigidos a la promoción del vino dentro de los países productores de la Unión Europea, sino que apuntan a los potenciales mercados externos. Tamaña señal la que nos dejaron los expertos europeos, ya que a esos mercados donde apuntan su negocio exportador, son los mismos que los vinos de Argentina pretenden competir e introducirse. De hecho aquí se apunta al Brasil cercano, al mercado del norte de Europa y EE.UU.

¿Rediseñan el Plan Estratégico?

Mientras tanto, continúan los aprontes para el próximo encuentro de la Coviar, en octubre. El objetivo es plantear en ese ámbito, un rediseño de la política vitivinícola del país. Algunas entidades, como la Unión Vitivinícola, hacen foco especialmente en los elaboradores trasladistas. Insisten en que allí se producen los desajustes, porque es mayor la desintegración. Bodegas de Argentina, da su versión sobre el planteo: Juan Carlos Pina, gerente de la entidad, dijo que "falta una integración de bodega a bodega". Explicó que "hay que repensar a la vitivinicultura como una actividad más integrada como negocio. Las exportaciones de nuestro país, se basan en botella en productos de calidad, en vinos de medianos hasta precios más altos, que requieren uvas de calidad, que son las uvas más demandadas. Esa cadena está integrada. Pero hace falta otra integración, la de aquel que produce vino sin fraccionarlo, con aquel que demanda vino para fraccionarlo y venderlo. En vez de un empresario que produzca vino a granel y después salga a ver a quien se lo vende, que sea al revés, es decir, que ese bodeguero vea con quien se va a integrar acuerde la tipificación de sus uvas y luego acuerden la venta de un vino determinado. Pina explicó que "Las distorsiones se deben a que el precio del mercado está basado en el blanco escurrido. Hace 30 años, éste producto representaba más del 80% del consumo de vino en la Argentina, pero hoy no llega a representar el 25%. Ya no es moneda de cambio, no lo quiere nadie. El mercado a gritos nos está demandando calidad, tipificación, identificación.