El 22 de mayo del año 2003, empezó a desgranarse paulatinamente la conducción del Tribunal de Cuentas. Por mandato constitucional, es el encargado de controlar la legalidad del gasto de los recursos públicos y venía vapuleado por el descreimiento y sospechas en la tramitación de las causas contra figuras políticas. Ese día, a regañadientes y con lo justo, la Cámara de Diputados le aceptó la renuncia al presidente del organismo, Mario Tello Luján, que así evitó irse destituido por efecto del jury de enjuiciamiento que le habían iniciado.
El Tribunal de Cuentas empezó a funcionar en 1987 y desde entonces, mantenía la misma composición de miembros permanentes (presidente, vice y un vocal, mientras que hay otros dos vocales que son transitorios). Pero en 2003, Tello Luján y su escudero, Eduardo Delgado, fueron denunciados por inacción por Daniel Illanes y acusados en el jury por el fiscal General de la Corte, Eduardo Quattropani, por mala conducta y negligencia al frente de la repartición. El proceso de investigación dejó en evidencia que había decenas de juicios contra funcionarios y ex funcionarios que dormían en algún cajón. Ahí empezó a entenderse por qué en 16 años casi que no hubo condenas por mala aplicación de fondos públicos, a pesar de que sobraban motivos.
Tello Luján y Delgado tomaron caminos separados. El primero prefirió escaparle al escándalo de verse en el banquillo de los acusados y por poco, le salió bien. Su compañero enfrentó en jury y meses más tarde, fue destituido por el Jurado de Enjuiciamiento.
A Tello Luján le costó. Había presentado la renuncia en la Legislatura y en primera instancia, la mayoría de los diputados no se la querían aceptar y pretendían que se quedara para enfrentar los cargos que le imputaban. Sin embargo, el juego político pudo más.
El bloquismo, la Cruzada Renovadora, la UCR y Desarrollo y Justicia levantaron la mano y le abrieron la puerta. El justicialismo votó en contra por la aceptación de la renuncia, pero por lo bajo fue funcional. Juan Carlos Céspedes, Eduardo Montilla y Roberto Romero estuvieron en el recinto y cuando se iba a llevar a cabo la votación nominal, no estuvieron presentes. El resultado final fue 18 a 17 en favor de liberar a Tello Luján.
Raúl Leiva siguió la misma suerte. Era el vocal permanente y aunque no había sido denunciado, era una fija que el planteo iba a llegar. Finalmente, consejos mediante, para esquivar la zozobra que atravesó Delgado, también optó por renunciar.
