No se trata más que de un enfrentamiento de poca trascendencia entre gremios docentes y el Estado nacional, acometiendo a veces con amenazas de posibles desafíos o bien saliendo con ligereza en el momento menos pensado de los conflictos. El tema: el salario docente, el índice precios, la inflación.

Año tras años y siempre es lo mismo, febrero, mes signado para la contienda, el conflicto siempre comienza con una tibia expectativa pero aparenta ser el problema más grande de todos. ¿Acaso para gremios y el Estado el problema capital, no es la educación? No, el tema de la educación es otro, lo que está en cuestión siempre será un tema "’parecido”, centrándose en los trabajadores de la educación, porque es así, porque el enlace resulta ser el condicionamiento de la enseñanza para quienes trabajan en la educación y por un salario, tanto para gremios como para el Estado.

El tema salarial influye porque todas las reparticiones del Estado destinan más del 90 % de su presupuesto al pago de sueldos. Queda siempre atrás la más importante de todas las cuestiones, que son los servicios, en este caso la educación de niños y jóvenes y su futura inserción laboral. ¿Acaso esa no es la verdadera cuestión que da éxito a los destinos de un pueblo? No se tratará entonces de aquí en más de dar respuestas al valor que tiene la educación para un pueblo. Si el Estado reconoce que de cualquier forma hay que retener la matrícula de alumnos en las escuelas y que para tal fin se han creado planes y programas, ¿cuál es pues la finalidad del Estado?, garantizar días de clases o garantizar la educación. Unos y otros deberán reflexionar o dar razones por sus argumentos ¡el pueblo los escucha!

.