Se la cataloga como la más preciosa reliquia de todos los tiempos. Pocas glorias hay mayores, para un convento que conservar, en la celda donde ha vivido, el corazón de quien sirvió a su Dios y a su patria.
A muchos personajes destacados de la historia, se les ha extraído el corazón para conservarlo como reliquia, o bien, porque ellos lo ofrendaron en vida, o bien porque la posterioridad ha querido guardar la parte más noble de su ser.
En nuestro país, Fray Mamerto Esquiú, sepultado en la Catedral de Córdoba tiene su corazón en San Francisco de Catamarca. En San Juan, el corazón de Fray Justo Santa María de Oro se guarda en el Colegio Santa Rosa de Lima, y sus restos en la Cripta de la nueva Catedral.
A Fray Justo se lo considera el paladín del republicano argentino; aquel noble dominico, que quizás por inspiración divina operó el milagro de orientar las decisiones del Congreso de Tucumán de 1816 hacia la República, cuando la mayoría de sus miembros se inclinaban a dar al país una forma monárquica de gobierno.
Nació en San Juan el 3 de septiembre de 1772 y murió el 19 de octubre de 1836. Su acción revestida de humildad propia de su carácter religioso, fue siempre prominente; orienta, crea, convierte y eterniza ideales. Por eso el corazón, la preciosa víscera que siempre se toma como símbolo de la bondad u otras modalidades del carácter humano, es el más auténtico símbolo del fervor religioso y patriótico.
El Colegio de Santa Rosa de Lima de esta ciudad, fundado por Domingo F. Sarmiento y Doña María del Transito de Oro de Rodríguez el 9 de julio de 1839 -tres años después de la muerte de Fray Justo- cumplió con sus deseos de crear un monasterio abierto a la educación de las mujeres, que debía ser un asilo y además una casa de educación pública. Al fundarse el denominado Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, el monasterio ya había sido edificado, en 1835. Actualmente en el aposento, que se presume fue el dormitorio del Obispo, se ha construido un relicario en el cual se guardan varios objetos que le pertenecieron. Entre los recuerdos, el que más se destaca a la veneración de todos los que allí concurren, es su corazón auténtico, guardado en un vaso de cristal
…! cuántas sugerencias, despierta aquella reliquia!… Cuántos hechos culminantes evoca…! Cuánta santidad encierra…!
El corazón de Fray Justo fue extraído por su médico, Aman Rawson -uno de los 7 doctores que habían en San Juan en aquella época- a instancias de Doña Tránsito Sarmiento Rodríguez de Quiroga, sobrina nieta del Obispo, en 1886.
Son indudables las razones de por qué se eligió el Convento de Santa Rosa, ubicado actualmente sobre calle San Luís, entre Tucumán y General Acha, para guardar dicha reliquia: Fray Justo cedió el terreno para la fundación de aquel edificio que inició pero que no alcanzó a inaugurar. Este objetivo al igual que el establecimiento de la Catedral, el Seminario Conciliar y un coro de canónigos, lo preocuparon permanentemente.
La Madre Superiora del Colegio de Santa Rosa de Lima de San Juan, Sor Lucila del Carmen, celosa del cuidado del Corazón de Fray Justo, observó que el mismo estaba sufriendo deterioro en su conservación, por lo que solicitó, en julio de 1963, que la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, por intermedio de César H. Guerrero, se hiciera cargo de su supervisión. Fue el Dr. Manuel Eiben quien indicó el procedimiento al cual podría someterse a dicho corazón para su conservación definitiva. Después de las prolijas diligencias fue necesario pedir el apoyo de las autoridades de la Provincia, para solventar los gastos. Así fue como fue trasladado a Córdoba.
Se ha llegado a establecer que el vaso que contenía el corazón, antes de su reparación, fue acondicionado para su mayor seguridad. Se entregó al Rev. Padre Carmelo Federico, Prior del Convento de Santo Domingo de esta ciudad, quien lo transportaría por avión como lo había aconsejado el médico asesor.
Todos los que intervinieron ejecutivamente en estos trabajos, lo hicieron desinteresadamente comprendiendo que sus nombres quedaban vinculados a un hecho histórico de gran trascendencia.
Como se ha dicho, para evitar cualquier alteración por la evaporación del líquido que lo protegía, el corazón fue sometido a un procedimiento sin intervención de líquido alguno en un recipiente al vacío.
El trabajo científico de la reparación estuvo a cargo del Dr. Ángel Roque Suárez, Prof. de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba.
Después de esta tarea que duró cerca de un año, el corazón de Fray Justo fue regresado a San Juan restituyéndolo inmediatamente al Colegio de Santa Rosa, el domingo 19 de octubre de 1965.
