La Organización de las Naciones Unidas nació a mediados del siglo pasado para asegurar la paz y la seguridad mundial, el desarrollo de las naciones y los derechos humanos, sustentada por los Estados miembros comprometidos a sostener financieramente el accionar del organismo. Sin embargo, los aportes económicos son cada vez más escasos para atender la multiplicación de las crisis sociales y desarrollar el trabajo que requieren los derechos humanos.

Según el nuevo alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Zeid Ra’ad Al Husein, la crítica situación financiera ha obligado a estudiar recortes de actividades y de personal, ya que el área sólo percibe el 3% del presupuesto anual de la organización multilateral, unos 87 millones de dólares para este año, cifra similar a la de 2013. Por el desequilibrio, este año el déficit será de 25 millones de dólares por la diversidad de obligaciones.

En este contexto se entiende la morosidad de la ONU ante las denuncias por violaciones a los derechos humanos, con crecientes casos de abusos en la sucesión de conflictos en naciones castigadas por guerras, persecuciones étnicas, religiosas y hambrunas consecuencia de contingencias meteorológicas. Es que la financiación de las operaciones dependen de contribuciones voluntarias y muchos países las restringen por sus dificultades presupuestarias. Por ejemplo, ahora Noruega encabeza los donantes, seguido de EEUU, Suecia, Holanda y Alemania, pero la Unión Europea pasó a la novena posición, luego de ocupar el tercer lugar en 2013.

La amplitud de violaciones de los derechos humanos, los conflictos armados y hasta la epidemia del ébola generan demandas que no van acorde con los recursos.