De adolescente y joven rebelde socialista de los años 60 y comienzos de los 70, el brillante abogado laboralista Felipe González, defensor ya entonces de perseguidos por la dictadura franquista, pasó a liderar el indiscutible proceso de cambio que dirigió y permitió incorporar a España a la Europa Unida y a la modernidad. Lo entrevisté brevemente para Radio Colón de San Juan la mismísima noche del 28 de octubre de 1982 cuando acababa de ganar las elecciones generales por primera vez. Con él, la izquierda volvía al poder en España después de los lejanos y breves años de la Segunda República Española (1931-1939). A Felipe, como le llaman en España, no le importó desdecirse de algunas premisas que sostenía en tono crítico contra los primeros gobiernos democráticos, tras la muerte del dictador Francisco Franco, con tal que la entonces "Europa de los Diez”, aprobara incorporar a su país en el privilegiado grupo. La firma del tratado de ingreso se produjo el 12 de junio de 1985, en un histórico acto que tuve el privilegio de cubrir periodísticamente en el Palacio Real de Madrid. Los españoles, al unísono, ponderaron el esfuerzo del gobierno de González para que España acabara definitivamente con su retraso de décadas, respecto de sus pares del Viejo Continente. Con los años, y hasta la finalización de su segundo mandato en 1996, la figura del presidente socialista fue creciendo en jerarquía entre sus pares continentales, e incluso ante el propio Mijail Gorvachov, uno de los propulsores de la caída del muro de Berlín (1989).
Si bien ninguno de los gobiernos españoles en democracia se preocuparon mucho por fortalecer sus lazos con Latinoamérica, y ayudar a nuestros países a crecer, Felipe es autoridad aquí, por sus conocimientos y por su ejemplo de estadista. Por eso, no es extraño que llegara recientemente a Venezuela donde en democracia hay presos políticos. Entre los opositores al gobierno del presidente Nicolás Maduro, están el ex alcalde del municipio de San Cristóbal, Daniel Ceballos, el líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, y el alcalde mayor del distrito metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, políticos a los que Felipe González manifestó su solidaridad y respaldo. Incluso fue más allá, comprometiéndose a visitarlos en sus prisiones. Para ello llegó el pasado domingo 7 de junio, en medio de protestas callejeras organizadas desde el Ejecutivo, pero a los 2 días debió abandonar el país por orden del propio jefe del Estado. No extrañó demasiado la decisión oficial, en un país donde la Justicia está controlada por el poder político, y por ello, la titular del Tribunal 28 de Juicio de Caracas, Susana Barreiro declaró "improcedente” la petición para que el ex presidente español y ex líder europeo participara como asesor externo de la defensa en el proceso contra los críticos del gobierno. También se opuso a la presencia de González la Fiscalía de Venezuela argumentando que lo que se pretende es "victimizar” al líder opositor Leopoldo López, A su vez, fue declarado persona "non grata” por la Asamblea Nacional del país bolivariano. Por su parte, Maduro, haciendo gala de su desconocimiento sobre la trayectoria y prestigio internacional de González, más allá del derecho de la oposición a criticar al gobierno en un país democrático, aseguró que el visitante extranjero había ido a su país a tratar de gobernar y "dictar normas”. Y profundizó su olvido en historia al calificar a González de responsable "de la muerte de no sé cuántos jóvenes que hizo desparecer y torturar”. Increíble. Si de eso hubiera sido responsable estaría pagando su castigo en una cárcel de España con la indiferencia europea y el repudio general, sencillamente porque en aquellos países de larga tradición democrática existe la división de poderes y nadie perdona una intromisión de un poder en otro.
Por otra parte, en vísperas de la VII Cumbre de las Américas (Panamá, abril de 2015) de la que participó nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, 26 ex presidentes españoles y sudamericanos suscribieron la Declaración de Panamá, que promueve "la promoción, la defensa y el sostenimiento de la democracia como derecho de los pueblos”. Así, llamaron a "aunar esfuerzos para construir una alternativa de solución a la grave crisis venezolana, conseguir la puesta en libertad de los presos políticos y restablecer las condiciones para el ejercicio de los derechos fundamentales”. Es indudable que en países como Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Colombia, entre otros de la llamada "Patria Grande”, no hay presos políticos, lo que pone a Venezuela ante el compromiso ineludible de volver al tránsito democrático que permite el disenso y aceptar hasta las más duras criticas a los gobiernos de turno desde la oposición política. Cuando se retorne a ese camino en Venezuela, seguramente Felipe González será invitado y homenajeado por su voluntad de contribuir al restablecimiento de las libertades en ese querido país.
