El dólar estadounidense se encareció ayer tres centavos, 0,82%, en casas de cambio y entidades financieras de la City porteña, donde se vendió a 3,70 pesos, una devaluación de la moneda local convalidada por el Banco Central y bajo la presión de la demanda minorista.
"El mercado estuvo ayer más pedido, con un dólar demandado por el público, fundamentalmente, y con el Banco Central avalando el alza, porque no participó con ventas", dijo a DyN un operador de la City porteña.
En el segmento minorista formal, el dólar subió a $3,66 comprador y 3,70 para la venta, mientras se pactó en $3,76 en el segmento marginal y 3,77 para las operaciones de contado con liquidación, vehículo de la fuga de capitales.
La depreciación del peso es convalidada por el Banco Central, el único vendedor genuino ante la escasa o nula liquidación desde el sector exportador.
En el segmento interbancario, donde interviene la autoridad monetaria, el dólar se apreció 3,3 centavos hasta $3,69, un alza inesperada para los operadores, que aseguraron que "si mañana no hay una intervención firme del BCRA, el dólar volverá a subir".
El volumen negociado ascendió a 253 millones de dólares, por debajo del promedio de la última semana, aunque el mercado estuvo restringido por "presiones desde el Banco Central a bancos y casas de cambio para desalentar compras mayores a 1 millón de dólares", indicó un operador.
"Hay mucha presión para desarmar las operaciones y para que en las pizarras de las casas de cambio figure una cotización que no alarme al público", señaló.
La autoridad monetaria procura una devaluación controlada del peso y proteger el nivel de reservas internacionales, en 47.050 millones de dólares, pero la desaceleración de la economía lesiona las cuentas públicas y empuja hacia una mayor depreciación del peso.
"Las estadísticas sobre recaudación desnudan los efectos que están ocasionando las turbulencias externas e internas sobre los recursos tributarios", dijo ayer la consultora Finsoport en un informe.
La acelerada devaluación del peso ocurre cuando existe una escasa o nula liquidación desde el sector exportador en medio de una nueva pulseada con el campo por las retenciones.
