Era partido ganado pero pudo ser partido perdido. Es que el agónico empate de Rafaela no hizo otra cosa que condenar en San Martín su irregularidad. Porque por momentos pudo haberse llevado el juego pero en otros, cayó en pozos de desconcierto que lo terminaron perjudicando. Casi como que en una misma noche mostró dos caras, con todos los riesgos que esa dualidad implican.
1 LO MEJOR
Presión, actitud. Velocidad y lucidez fueron las banderas que San Martín levantó en el amanecer del partido y que sostuvo en los primeros 25′ de juego. Allí, mostró la mejor cara de la noche porque generó por los costados, especialmente por el lado de Becerra, porque Sparapani encontró peso específico recostándose unos metros a la derecha y porque la dupla Tonelotto-Cuevas se movió sincronizadamente. Para males de este gran comienzo verdinegro, faltó la puntada final. Ese toque decisivo para traducir dominio en ventaja pero más allá de eso, mostró su mejor faceta en una noche de grandes sensaciones.
2 LO PEOR
Después de esos primeros 25′ para entusiasmar, San Martín se fue desinflando. Ya no hubo la misma presión, Becerra quedó solito en ese planteo y la velocidad mezclada con la precisión se diluyó. Empezaron los pelotazos, Sparapani ya no manejó los tiempos ni la pelota y San Martín se le hizo previsible al planteo de Rafaela que se agrupó bien esperando un error del local. Se le dio y lo supo aprovechar cuando nacía el segundo tiempo. Después, ahí, San Martín fue más voluntad que fútbol.
3 DOS CARAS
San Martín en desventaja se nubló. No encontraba los caminos para entrarle a Rafaela. Sparapani se fue, entró Belforte pero no se veía la luz. La sensacional pegada de Torresi fue la solución y el delirio porque cuando peor jugada San Martín, el mendocino lo puso arriba con dos zapatazos sensacionales. Parecía que San Martín se lo llevaba por mérito a su actitud más que a su producción futbolística pero las lagunas le volvieron a jugar una mala pasada y el infortunio se asoció en el final para dejar helado a Concepción. San Martín pagó un precio carísimo a su irregularidad. Un tema para el replanteo porque este equipo tiene con qué resolverlo.
