Había que reencontrarse con su juego vistoso y contundente y anoche llegó. Lo dijo tras la goleada Penco: "Volvimos a ser el del Apertura". Y se notó. La mano que metió Teté se tradujo en juego. El sistema 3-4-1-2 que tanto lo seduce y marca lo van entendiendo su dirigidos. Pero dentro de todo ese nuevo esquema para un plantel que recién lo estrenó la semana pasada en la derrota ante All Boys, ayer encontró en un hombre la pieza clave para ordenar y con su entrega contagiar al resto. Ese fue Omar Gallardo.

El Indio, que volvió tras la suspensión y que entre semana tuvo "su" fiesta al cumplir 31 años se puso el equipo al hombro, más allá que todos contribuyeron para que la solidez grupal apareciera en casi 70 minutos del partido.

El volante central hizo todo, desde meter la presión, constantes cambios de frente, milimétricos pases gol, se duplicó cubriendo las espaldas del resto, tuvo mucha y excesiva marca y también anticipó en reiteradas ocasiones.

Mario Pacheco fue su socio ideal para mezclar oficio con estilo, y desde allí todo salió redondito. Los defensores no pasaron sobresaltos y los de arriba sólo debían esperar su momento.

De no ser por la efectividad de Penco, Gallardo, que también anotó un gol, se hubiese quedado con los laureles, porque en él el equipo se apoyó y el Indio le indicó el camino al resto.