Numerosas parejas se han conocido en Israel con el uniforme color tierra (caqui) y las botas puestas mientras hacían el servicio militar, obligatorio para ambos sexos en un Ejército considerado por muchos como una "cantera" de relaciones románticas.
Cifras exactas sobre el número de parejas que se forman en el Ejército no hay porque ni los altos mandos son conscientes del fenómeno, pero entre los soldados es vox populi que el servicio militar es una de las vías más propicias para ligar.
A los 18 años de edad hombres y mujeres en Israel son llamados a filas, aunque judíos ultra-ortodoxos y árabes están exentos, si bien pueden presentarse voluntarios. Con un 34 por ciento mujeres entre las fuerzas regulares -en comparación con un 13,5 por ciento en España o un 14 por ciento en Estados Unidos- y una oficialidad femenina que supera el 40 por ciento durante el servicio militar obligatorio, el Ejército israelí tiene la mayor presencia de mujeres del mundo y una plataforma ideal de encuentro entre reclutas
Dos años para las mujeres y tres para los hombres en el servicio militar curten para siempre el carácter de los jóvenes israelíes y para muchos de ellos no sólo supone el abandonar el hogar familiar, recibir órdenes y madurar, sino también consolidar una serie de vínculos y relaciones personales para toda la vida. Es el caso de Lilian Seruya Gal, de 51 años, que conoció en el Ejército a su marido Miki, con el que lleva casada treinta años.
"Nos conocimos en la cantina de la base. Me estaba comprando una coca-cola, empezamos a hablar y así empezó el cuento", recuerda a la agencia de noticias Efe esta gibraltareña que vive desde los doce años en Israel. Él era oficial de transporte y ella una soldado que ejercía de trabajadora social en una base de la Comandancia Centro, cerca de Jerusalén. Hoy tienen tres hijos, dos de los cuales están en el Ejército.
"Son oportunidades que no se dan en ningún otro sitio del mundo", explica Gal, para quien el hecho de que el servicio militar sea compulsivo y aglutine a personas de distintas procedencias a una edad muy joven, lo convierte en un laboratorio perfecto de encuentros que de otra manera nunca se producirían.
El profesor de ciencias políticas de la Universidad Bar Ilán, Stuart Cohen, experto en relaciones entre el Ejército y la sociedad israelí cree que este fenómeno puede ocasionarse por la alta proporción de mujeres militares israelíes en relación a otros ejércitos del mundo. "El Ejército es una institución muy peculiar en el que surgen relaciones, pero de las que salen del servicio militar nada garantiza que vayan a ser duraderas porque cuando se abandonan filas la gente tiene otros intereses y ocupaciones", concluye.
Parte de ese fenómeno es el reservista Eli Isaacson, de 30 años, oriundo de la ciudad de Manchester (Reino Unido) y emigrado al Estado judío en 1999. Conoció a la que hoy es su chica cuando ella cumplía su último mes de servicio en la Unidad de Portavoces del Ejército en Tel Aviv.
Isaacson hizo el servicio militar en la brigada de paracaidistas, aunque posteriormente ha cumplido con sus obligaciones de reservista al menos una vez al año. Su novia, Morán Maimón, 25 años, sigue en el estamento militar y es oficial del departamento de relaciones públicas de la Fuerza Aérea.
"Los oficiales pasan mucho tiempo juntos, aunque en unidades de combate no hay tantas mujeres", comenta al explicar el fenómeno de los enamoramientos. Y rememora con nostalgia una frase que se suele escuchar durante la preparación en las unidades de combate que dura un año y ocho meses, y es que "quien entra con novia, no le dura el período de entrenamiento", debido a su extensa duración.
