Bernardo Kliksberg -asesor de la Dirección Regional del PNUD/ONU para América latina- frecuentemente coloca al lector frente a la conciencia pública a través de temas de interés común y vinculado con el futuro de las personas y de los países. En un artículo recientemente publicado -Educación, un derecho vulnerado- deja a la luz la verdadera situación de la región latinoamericana en ese rubro.

Dice Kliksberg que si bien todas las constituciones garantizan, en América latina, el derecho a la educación, varios estudios recientes -como el riguroso y documentado Serce-Unesco 2002-2008, "Informe de seguimiento de la educación para todos en el mundo, 2009", muestran brechas muy agudas.

Comenta que en el siglo XXI, está muy claro que sin educación no hay futuro para las personas, las familias, ni los países. En la región, han habido avances relevantes: más del 90% de los niños ingresan en la primaria y el analfabetismo es reducido. Pero hay escuelas mal dotadas sin agua potable, baños suficientes, biblioteca, una sala de computación, un número razonable de computadoras.

Los datos latinoamericanos. En la región, de acuerdo con Serce-Unesco, el 20% de las escuelas no tienen agua potable, un 33% no tienen baños suficientes, un 47% no tienen bibliotecas, un 63% no tienen sala de computación y hay, en promedio, 16 computadoras por escuela.

El caso argentino. Comenta Kliksberg que con niveles mejores y con esfuerzos importantes, también las cifras argentinas de 2006 del estudio mencionado indican que existe un largo camino por recorrer: el 18% de las escuelas carecían de agua potable, el 25% no tenían baños suficientes, el 26% no tenían bibliotecas, el 52% no tenían sala de computación, sólo había 12,5 computadoras promedio por escuela.

Entre las causas que impiden el gran desarrollo de la educación establece que los docentes ganan poco. En América latina esa condición, que tenía alta jerarquía social un siglo atrás, se halla ahora desvalorizada.

Otro indicador negativo son los niños que trabajan ya que la condición mínima para que un niño pueda cursar en la escuela primaria es que se pueda dedicar totalmente a ella. En América latina, no funciona así para los niños más desfavorecidos. De todos los niños que están en 6to grado de primaria, el 11% trabaja. Casi todos ellos son niños humildes. En Guatemala, la cifra sube al 17,5% y en República Dominicana es el 14%. En la Argentina se estimaba en el 6%.

Mucha gente coincide con Muntanyola Thornberg: "… una escuela puede tener espacios exiguos, pero, en cambio, una pedagogía excelente. Pensar que Freinet, Pestalozzi, Montesori -entre otros- no tuvieron, a veces, grandes ni excelentes arquitecturas y, a pesar de ello, desarrollaron pedagogías excelentes.

La pregunta es si hay o no una relación entre el preciosismo arquitectónico y la calidad pedagógica. Parecería que no, por el contrario, magníficos edificios albergan pedagogías más que deficientes.

Nuestro país tiene una historia diferente al respecto, diferente porque no es posible incluir el preciosismo arquitectónico cuando la historia registra la enorme y valiosa labor de las escuelas y los docentes rurales. Nuestra super-extensión territorial junto a una demografía rara fue superada con la escuelas rurales y generaciones de argentinos obtuvieron sus conocimientos básicos caminando kilómetros diariamente para llegar a la escuelita rural.

No obstante, hay que tener en cuenta que la modernidad trajo otras exigencias. Y, así sabemos de alumnos y padres que se quejan porque en sus escuelas no hay gas para calefaccionar. Es decir no basta con el bienestar, hoy se exige confort. Y, sin entrar a juzgar estas actitudes admitamos que la verdad hay que buscarla en el término medio de una situación.

La arquitectura escolar debe ser cuidada porque así lo indican las costumbres de vida. Nada de vidrios ni de puertas rotas ni de techos que se lluevan porque el bienestar -el sentirse bien y a gusto físicamente- genera la atmósfera propicia para el estudio y favorece esa maravillosa experiencia de la enseñanza-aprendizaje.

No dudamos -como dijo Kliksberg- de que haya que mejorar estados edilicios pero no ignoramos el esfuerzo directivo y docente para que las cosas salgan bien. Por el contrario, la lucha por el aprendizaje tiene hoy otros inconvenientes, que ya hemos comentado, como la adicción por los juegos tecnológicos y otras cosas que, en definitiva, marcan una adolescencia desolada.

Sepamos que los cambios sociales obligan a mirar hacia delante e inducen a la persona a cambiar.