La barbaridad comenzó cuando varios jugadores de River se vieron afectados por las emanaciones de gas pimienta (es un aerosol que vale desde 85 pesos y produce ceguera temporal) que lanzaron desde la platea de Boca a la manga por donde salían a jugar el segundo tiempo, lo que derivó en una serie de grotescos que deformaron completamente lo que debía ser simplemente un espectáculo deportivo.
Los futbolistas que se vieron más afectados fueron Leonel Vangioni, Leonardo Ponzio, Ramiro Funes Mori, Gonzalo Martínez y Sebastián Driussi, que además de mostrar manchas amarillas en la piel, evidenciaban severas irritaciones en sus ojos. Una primera discusión entre los técnicos Marcelo Gallardo y Rodolfo Arruabarrena y el ingreso del propio presidente "millonario", Rodolfo D’Onofrio al campo de juego fueron las primeras escenas de "un suspenso" de una hora.
Y mientras un dron que simulaba un "fantasma de la B" sobrevolaba la cancha, el árbitro Darío Herrera postulaba "una espera prudente" antes de tomar una decisión sobre la continuidad o suspensión del encuentro. Para lo único que no se podía esperar era para confirmar que el papelón estaba consumado.
Mientras, el comisario deportivo de la Conmebol, Roger Bello, pasaba de hablar por teléfono, a dialogar con el árbitro y luego con el encargado del operativo policial varias veces. El público empezó a dejar el estadio y recién una hora y doce minutos después Bello suspendió el encuentro pero los futbolistas de Boca permanecían en la cancha, como para jugar.
