Ya es habitual en el país observar filas de automovilistas esperando poder cargar nafta o gasoil, aunque el ministro de Planificación, Julio De Vido afirme que "’el combustible está en los tanques de los autos de los argentinos”. La realidad es otra.
Mientras crece el consumo de carburante y continúa en auge la venta de vehículos, el país cerró 2011 como su peor año de la década en la producción de combustibles. Según datos de la Secretaría de Energía, el volumen de petróleo procesado, que se había recuperado desde 2002 hasta alcanzar un pico de 37,2 millones de metros cúbicos en 2007, bajó notablemente desde entonces. En 2008 fueron 35,2 millones, que bajaron a 33,5 millones en 2009, y se convirtieron en 30,8 millones en 2010. En los primeros nueve meses de 2011 se procesaron 23,4 millones de metros cúbicos de petróleo, según el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, es decir un 3,9% menos que en el mismo lapso de 2010.
Lo cierto es que la refinación interrumpió su reactivación desde 2007. En parte, la culpa se puede atribuir a la resolución 394, similar a la 125 del campo. Se implementó en 2007, por iniciativa del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, subiendo las retenciones a las exportaciones con un sistema según el cual a partir de un precio de corte para cada producto todo el excedente de renta quedaba para el Estado. Desde entonces, forzar la capacidad de refinación dejó de ser rentable ya que la resolución impuso impuestos exorbitantes para la exportación y llevó a que algunos productos se produjeran a pérdida, provocando la desoptimización de las refinerías.
Un informe de la consultora
