Llega hoy a Mar del Plata, la Fragata Libertad, en un clima de fiesta organizado por el Gobierno, pero en un contexto de malestar dentro de la Armada ya que ninguna autoridad naval participó de la organización del operativo diseñado hasta en sus mínimos detalles por la Casa Rosada.

Hasta el propio jefe de la Armada, el vicealmirante Daniel Alberto Martín, tiene postergado su ascenso al grado de almirante, pese al acuerdo del Senado. En el año último, cuatro buques de la Armada quedaron varados por problemas de mantenimiento y de entrenamiento de los tripulantes, caso de la corbeta Espora, que permaneció 75 días en Sudáfrica por dañarse los generadores y la corbeta Spiro, con una rotura al chocar con un banco de arena en Mar del Plata.

En medio del ambiente de celebración, la Armada se muestra como una fuerza cada vez más debilitada. El presupuesto para este año reduce el tiempo de navegación para controlar los espacios marítimos y la hidrovía. Se prevén recursos para 161 jornadas de práctica naval, frente a los 329 días de tareas en 2010. Frente a esta realidad y al hecho que la Fragata Libertad haya sido retenida en Ghana por imprevisiones y falencias, muchos se preguntan sobre el sentido de la celebración de hoy que posiblemente sea para dar una clara demostración de nacionalismo.

El nacionalismo de los argentinos ha servido en ocasiones para que los gobiernos justifiquen graves errores de previsión y de acción, cuando el patriotismo se demuestra con la conjunción de esfuerzos y aportes públicos y privados para acrecentar el bien común. De esta manera se tomarán precauciones y se actuará con previsión para resolver los problemas concretos o que generan frustraciones. Tal fue el caso de Aerolíneas, que todavía, pese a los esfuerzos publicitarios no se impone en las preferencias de los pasajeros. Tampoco el nacionalismo, cuando funciona, es tan potente que anula otras consideraciones: en el caso de YPF, la expectativa colectiva es que se consigan inversiones para que el combustible deje de escasear y aumentar de precio, y para esto se requieren aquellos esfuerzos y aportes compartidos.

La Fragata Libertad puede volver al país gracias a la prudencia de los jueces y las normas internacionales, aunque el camino dejado atrás ha sido una demostración más de la imprevisión y de los errores de las autoridades y de la cancillería argentina dejando nuevamente en evidencia la ineficiencia para evitar que, como en este caso, una histórica nave pase a ser objeto de disputas durante casi dos meses y medio.