La insospechada eliminación del Barcelona en la Champions League abrió el grifo de célebres antinomias y a su influjo generó malentendidos que valdría la pena interpelar.
En primer lugar, es un verdadero disparate separar las aguas entre “fútbol” y “antifútbol”. Que Barcelona se haya constituido en la estación terminal de la eficiencia y de la belleza, está lejos de suponer que todo lo que no sea Barcelona represente la negación del fútbol.
Siempre que sea dentro de lo que permiten las normativas y las reglas no escritas del fútbol, siempre que sea con armas nobles, y amparándose en lo que ofrece el menú de la estrategia y de la tácticas, todos los caminos son legítimos. Porque de lo que se trata es de ser superior al adversario, esto es, de potenciar las virtudes propias y neutralizar las virtudes ajenas.
En definitiva: de lo que se trata es de vencer al adversario, o por lo menos intentarlo con las herramientas que se tiene a mano.
Y aunque el fútbol no deja de ser un espectáculo y el ingrediente estético también es parte del fútbol, no está de más recordar que en el fútbol profesional, con las emociones y las pasiones que promueve, la expectación que conduce al resultado final también consta en el casillero estético.
Es decir: la épica del fútbol también es bella.
¿O no es épica y por consiguientemente bella la imagen de un equipo inferior a su rival, jugando diez contra once, y defendiendo en su propia área?
¿Qué debió haber hecho el Chelsea?
¿Jugar a campo traviesa?
¿Meterse en el terreno y en los modos del Barcelona para que el Barcelona se sintiera a sus anchas, desplegara su juego, ganara, acaso goleadora, y de ese modo durmieran tranquilos los propietarios del buen gusto?
Fuera de la solapada pero vigente pulseada entre menottistas y bilardistas, cabe, eso sí, sacarse el sombrero por el Barcelona.
Todo lo sube, baja, y es propio de la materia viva llegar a un punto cúlmine y desde ahí entrar a declinar.
Aun sin estar en la cresta de la ola, sin la mira ajustada, más frágil en defensa, desgastado, Barcelona sigue siendo un equipo extraordinario, y sino el mejor del mundo por estos días, por lo menos el mejor de estos años y por qué no el mejor de todos los tiempos. La calidad de sus jugadores y el cuerpo técnico así lo remarcan, más allá de todo.
