Tenía ganas de llorar. Se ilusionó e ilusionó a todos cuando pegó el salto faltando una veintena de kilómetros y fue sacando ventaja con respecto al grupo de hombres que venía en el segundo lugar y no se ponían de acuerdo para salir a buscarlo. Faltaban menos de 10 kilómetros cuando Oscar Villalobo se acercó a su moto auxilio para recibir una botella de agua y con su rueda delantera tocó al vehículo acompañante. ¿Resultado? Se cayó y rompió su rueda delantera. Le costó cambiarla. Lo pasaron. Alcanzó y se escapó buscando a Emiliano Ibarra. Estaba golpeado y no tenía fuerzas para intentar la heroica. Fue superado, llegó décimo, pero recibió el cariño de todo el mundo que lo empujó con su aliento cuando lo vio agacharse sobre su cuadro y darle cadencia a sus piernas buscando la victoria en solitario.
"Parece inexplicable (confió el capitán de Full Time), fui a buscar la última caramañola para hidratarme y encarar el final con todas las fuerzas que me quedaban. Me sentía bien, había hecho una buena diferencia y sabía que si llegaba a la calle Larga con esa ventaja podía ganar. El viento y mis ansías por ganar nos jugaron en contra. Cometí un error y me quedé sin nada. Bien dicen que carreras son carreras", afirmó con un dejo de amargura El Hijo del Viento que ayer volvió a soplar con fuerza propia.
