La influencia de la vivencia futbolística local dejó su impronta en el debut del seleccionado argentino en la Copa América, donde el reflejo del descenso de River Plate prevaleció dentro del marco receptivo del equipo nacional. Juan Pablo Carrizo, el “llanero solitario” de los representantes locales dentro de este plantel con absoluta mayoría de futbolistas que actúan en el exterior, fue inevitable “carne de cañón”.
Los silbidos y abucheos al guardavallas riverplatense alcanzaron máxima estridencia cuando desde la pantalla gigante colgada como farola en el centro del europeizado estadio Ciudad de La Plata su imagen se hizo perceptible desde los cuatro costados de la cancha.
Cara y cruz de este presente del club de Núñez que tuvo inmediata respuesta de la barra boquense-argentina, que “atacó” con un cáustico “… qué amargado se te ve”.
El “volveremos, volveremos…” fue la tibia respuesta ensayada desde la parcialidad riverplatense-argentina, que se enfrió inmediatamente hasta desaparecer bajo el impactante reconocimiento a un ex Boca: Carlos Tevez.
