El diario norteamericano "The Washington Post" dedicó un largo artículo a la Argentina de su última edición dominical. En él se reseñan los "desmanejos" del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y la "escasa credibilidad" de los datos sobre inflación y pobreza en nuestro país.
La nota da cuenta de supuestas llamadas de funcionarios al ente para ver "cómo se podían obtener" mediciones que resultaran más favorables a los índices que espera el Gobierno. Y de cómo algunos productos "cuyo precio subía más de lo que suponían, dejaban de contabilizarse. Como consecuencia de todo eso, la pobreza y la inflación descendieron casi por milagro", ironiza el artículo. El texto advierte, además, que todo eso implica una maniobra para inversores norteamericanos tenedores de bonos de deuda argentina, a los que se les paga menos de lo que les corresponde por esa inversión.
Pero el problema también se extiende a los ciudadanos argentinos que tienen que vivir con el peso de la realidad, que contrasta con los índices oficiales. Los servicios privados y los alimentos son las dos mayores amenazas en materia de aumentos de precios para lo que resta del año. Según las estimaciones de economistas y analistas privados, estos rubros serán los principales motores de la inflación en el segundo semestre de 2009, que pese a la desaceleración cada vez más profunda de la economía se mantendrá en torno al 1 o 2% mensual.
En el caso de los servicios privados, las principales preocupaciones están puestas en las cuotas de los colegios privados, la medicina prepaga y las expensas, que sufren la alta incidencia de los aumentos salariales. Lo más sorprendente es que en alimentos y bebidas, el INDEC muestra una suba de apenas 1,6% para los últimos doce meses. Pero algunos relevamientos sobre los precios de una canasta fija de 30 productos, arroja un alza promedio mayor. Sólo cinco muestran subas de un dígito anual (gaseosas, postres dietéticos, leche para bebés, azúcar y queso rallado) y apenas uno (jamón cocido) registra una baja considerable del 27,3 por ciento.
No debe preocupar sólo las estadísticas sino la economía real, es decir si somos capaces de producir más, de invertir, de bajar costos y de distribuir mejor el fruto de los esfuerzos comunes. Es en estas variables donde debemos buscar los mejores índices.
