La muerte de Manuel Fraga Iribarne ha suscitado el reconocimiento de políticos y partidos de todos los signos de la España actual. Merece que la historia le recuerde el bien hecho a su patria, y de modo especial no deje de reconocerle sus innegables méritos. Fue el primer español que logró articular un partido conservador desde las bases y no desde el poder, haciendo de puente para llevar a la derecha autoritaria y franquista a la democracia.

En 1966 elaboró, y consiguió, la aprobación de la Ley de Prensa, que eliminó la censura previa y facilitó la labor de los medios de comunicación independientes del Régimen y aún opuestos a él. Fue también el organizador de la Campaña XXV Años de Paz, para conmemorar los cinco primeros quinquenios del final de la guerra civil. Como ministro de Información y Turismo, entre julio de 1962 y octubre de 1969, impulsó, con gran éxito, el turismo español, con un doble efecto. Por una parte, logró el ingreso de cuantiosas divisas, contribuyendo al desarrollo económico y a la cancelación, promovida ya unos años antes, del aislacionismo. Además, abrió España al mundo, permitiendo la percepción de nuevas ideas y formas de vida, que resultaron decisivas para el cambio político hacia la democracia. En 1967 se encargó de la elaboración y aprobación de la Ley de libertad religiosa, que significó la tolerancia y aceptación de las confesiones religiosas no católicas, en línea con las directrices del Concilio Vaticano II. En 1976 fundó el partido Alianza Popular, alrededor de los llamados "siete magníficos", cuyas personalidades, incluida la suya, estaban vinculadas al franquismo con vocación reformista. Es imposible no recordar que fue él quien contribuyó a la elaboración de la Constitución de 1978. No llegó al Palacio de la Moncloa como jefe de Gobierno, pero sin su trabajo difícilmente hubiera llegado el partido Popular, a obtener la confianza de la mayoría de los españoles.

Fraga fue de esos hombres que acertaron al comprender que España necesitaba superar las viejas heridas. Como acto simbólico cabe destacar la presentación que él hizo de Santiago Carrillo, líder del comunismo español, en el Club Siglo XXI, en 1978. El abrazo de los dos veteranos políticos en esa institución cultural era un símbolo de la reconciliación entre las dos Españas.