Hace poco tiempo nos dejó para siempre un mecenas de la cultura sanjuanina, Ricardo Prieto. Su Museo Arqueológico de Jáchal fue un ejemplo de entrega absoluta a la comunidad para brindar una valiosa colección rigurosamente construida que mereció felicitaciones de expertos universitarios y calificados aficionados, locales, nacionales e internacionales. El museo y el trabajo de Prieto es un ejemplo transparente de lo que los museos privados hacen en San Juan desde hace mucho tiempo y ahora reunidos en la Asociación de Museo Privados (Amupri). Todos marchan sometidos a la legalidad vigente desde la ley madre 6801, promovida en 1997 por el entonces diputado provincial Aguedo Herrero, aplicada desde su reglamentación en el 2001, con la consecuente creación del Consejo de Patrimonio Cultural y Natural. Como presidente fundador de este Consejo que he sido, recuerdo que hasta ese momento, las cuestiones del patrimonio quedaban en manos de "sabios", al amparo de la vieja y ya derogada Ley 3.511 de 1966, salvando el papel de algunos especialistas de la Universidad Nacional de San Juan y del arquitecto Eduardo Grizas que, como delegado de la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos, realizó una ímproba tarea todavía sin reconocer lo suficiente.
Presidido desde su fundación por la Dra. Silvia Manzini de Adárvez, Amupri prestigia todo acontecimiento local, o con proyección nacional o internacional que se realiza, como congresos, seminarios, y encuentros de diversa naturaleza. Y, especialmente, es una institución con personería jurídica que crece y lucha siempre con la ley en la mano, contra todo obstáculo de los muchos que se presentan. El papel de los privados honestos a favor de la protección del patrimonio de cada pueblo tiene muchos ejemplos claros en el mundo. Hoy, cuando vemos que la situación económica se ha complicado bastante en Europa, muchos amantes de las colecciones culturales históricas alzan sus brazos para dar gracias a los hombres y mujeres, casi todos anónimos, que ayudan a los museos desde sus propios espacios u ofrecen sus colecciones a todo público. Es que, más allá de la larga tradición norteamericana de apoyo privado a los museos, en Europa el mecenazgo tiene también evidentes ventajas. Los coleccionistas privados han creado fundaciones y espacios de exposiciones, como la Fondazione Prada en Milán o la Sandretto Re Rebaudengo en Turín, por dar sólo dos ejemplos.
Eso era Prieto, un protector de la cultura, un defensor de ese papel preponderante e invalorable que tienen los museos privados en el mundo. Además de un hombre noble, dueño de un señorío cada día menos común, cuyo vacío no podremos llenar. A propósito, recuerdo que en España un extraordinario mecenas de la pintura, el barón Hans Heirich Thyssen Bornemisza, al entrevistarlo a finales de los ’80 cuando firmó un contrato con el Estado español para depositar 775 obras que en 1993 pasaron definitivamente al patrimonio de ese país, me aseguró que los grandes museos históricos no existirían como tales si no hubiera habido un gesto privado, porque no siempre el Estado de cualquiera de los países del Viejo Continente ha estado a la altura de las circunstancias en este sector.
Ricardo Prieto, ofreció en su momento, y así lo prueban documentos auténticos, todo el patrimonio de su museo a la Universidad Nacional de San Juan, en tiempos del rector Tulio Del Bono, pero lamentablemente por "falta de presupuesto para su mantenimiento posterior", según se aconsejó, la autoridad decidió rechazar la donación. Prieto no pidió que se lo pagaran, como hizo Thyssen, legítimamente. Quiso donarlo. Sin embargo otros intereses impidieron que el actual museo jachallero pudiese depender de la prestigiosa Universidad para que hoy no nos estuviésemos preguntando por su destino con Prieto en el cielo. Ante este antecedente, Amupri y otros dirigentes de la cultura de San Juan no bajan su mirada sobre alguna empresa privada sanjuanina o foránea que pueda redimirnos de dos museos que al Estado sanjuanino no le ha sido posible mantener por falta de espacio, como el del "Tonelero" (único en el país), de Andino, y el extraordinario del "Hombre y la Naturaleza", de Pastor, que todos deseamos ver abiertos de nuevo lo más pronto posible. Igual que el del "Tango", de Raed, y el del cine, en preparación, de Cerimedo.
Como apóstol que fue Prieto del patrimonio sanjuanino, en la acepción de misionero que se da al término, de misionero pacífico, responsable y comprometido con la cultura hasta sus últimos días, hoy sabemos que no hay con qué agradecerle lo que dio e hizo por el bien de la provincia y el país.
