De niño, pegaba dibujos de animales que recortaba de la revista Anteojito y llegó a armar dos carpetas completas. Ya en la secundaria, elegía cuadernos en cuyas tapas salieran animales. Y fue entonces que empezó a disfrutar el avistamiento de aves y a fotografiarlas. Como no podía ser de otra manera, estudió Biología. Jamás tuvo problemas para llevar a su casa pájaros heridos y en su cuarto ya no cabían más libros especializados. Mariano Gabriel Ariza era una persona que amaba las aves y gracias a esa pasión fue que se vinculó al Programa de Conservación del Cóndor Andino de la Fundación Bio Andina, convirtiéndose en un pionero en la provincia en el proceso de rehabilitación y liberación de cóndores.
Intervino en todas las liberaciones de estos animales que se hicieron en la provincia hasta 2012. Y la última, que fue ayer, se realizó en su homenaje. Es que Mariano falleció en junio del año pasado víctima de un cáncer al que batalló pero no pudo derrotar. Tenía apenas 34 años.
Ariza trabajaba en la Subsecretaría de Conservación y Áreas Protegida de la Secretaría de Ambiente y esa repartición es la que decidió rendirle homenaje en la ceremonia que se realizó en Huaco, para liberar a una hembra adulta que hallaron con signos de envenenamiento en Jáchal, el año pasado, llamada Antara.
Apenas se enteraba del hallazgo de un cóndor herido o enfermo, Ariza se encargaba de que el ave fuera trasladada a la ciudad y luego las llevaba a un veterinario, para entonces iniciar el contacto para enviarlo a la Fundación Bio Andina, que funciona en Buenos Aires, para su rehabilitación. Cuando estaban en condiciones de volar, se ocupaba de traerlos nuevamente a la provincia para su liberación y un par de veces los tuvo en su casa, en una jaula especial.
Cuatro cóndores fueron liberados en Huaco y uno en Pedernal, entre 2010 y 2012. La anterior a la de ayer había sido el 13 de octubre de 2012 y fue especial porque Mariano se encargó de todo. Además de ser la primera ceremonia que se realizó en Pedernal (el ave fue encontrada en Sarmiento y Ariza consideraba que no había que ir hasta Jáchal), buscó un lugar adecuado, concientizó por las radios departamentales y abrió la jaula para que Waro Che (que en huarpe significa Lazo que Une) volara.
Mariano además trabajó en la ley para el ordenamiento territorial de bosques nativos, escribió el libro Árboles Nativos de la Provincia de San Juan, fue colaborador de distintas publicaciones, participó en la categorización de fauna autóctona y en la elaboración de procedimientos para la obtención de certificación ISO, entre otras acciones.
En 2005 le detectaron Linfoma de Hodgkin (un cáncer de tejido linfático) y le planteó una dura lucha a la enfermedad, con agresivos tratamientos de quimio y radioterapia, y hasta se sometió a un trasplante de médula. Era trabajador incansable y en innumerables ocasiones salió de sus sesiones de quimioterapia para presentarse en su puesto laboral.
Vivió intensamente y para su madre, Angélica, la adoración de Mariano por las aves tenía una explicación: amaba la libertad.
