La práctica de estirar vinos con agua -denominada en el sector como el “milagro” de la Semana Santa- se realiza en esta época cuando las bodegas están en plena elaboración, sobre el final de la cosecha. Los bodegueros deshonestos falsifican los números de ingreso de uvas y así acreditan el doble o triple de volumen elaborado, obtenido mediante la adición de agua, una multiplicación “milagrosa”. Para bajar el grado alcohólico lo único que permite el INV es mezclarlo con otro de menor grado, lo que resulta bastante más caro que el agua. Este tipo de adulteración se practica cuando el vino tiene grado alto de alcohol. Justamente este año donde hay una fuerte merma (se estima que es inferior incluso a la pronosticada por el INV), las uvas vienen con alto grado: Mendoza tiene un grado promedio de 13,51º y San Juan de 13,04º.
