El fútbol te pude dar muchas sorpresas. De las buenas y de las malas. Las que lo hace tan impensado y dramático. Ganar y estar tan cerca de festejar, a pasar a perderlo en un simple parpadeo. Nunca, pero absolutamente nunca, hay que darse por muerto hasta el pitazo final. Allá cuando se superan los 90 minutos reglamentarios. Y eso lo vivió en carne propia, con el sabroso y agradable sabor, San Martín el viernes por la noche ante Olimpo, y ayer San Lorenzo frente a Newell’s. Ambos perdían 2-0 y lo dieron vuelta sobre el epílogo para ganar 3-2 y desatar una fiesta para muchos impensada, pero real por el simple hecho de no bajar los brazos. Y más ahora cuando a estos dos equipos el promedio para seguir en Primera División los condena y saca y pone de la zona roja todos los fines de semana.
El 2-0 es el peor resultado que tiene este deporte y las pruebas vividas esta fecha, la 16ta. del Clausura de AFA, lo demuestran. Porque es el más difícil de sostener, y bahienses y rosarinos lo comprobaron. Gran mérito para Verdinegros y Cuervos que peleando por salir del descenso directo gritaron cada uno su tercer gol como si fuese una final ganada. Y es que para ambos tiene ese valor ya que salieron de la zona de condena y pérdida de categoría. Y hoy, ubicados en Promoción se ilusionan con, en las tres fechas que restan, salir de todo riesgo para encarar la temporada que viene otra vez en la elite del fútbol argentino.
Cristian Alvarez y Emanuel Gigliotti, de San Martín y San Lorenzo respectivamente, tuvieron su día de héroes por marcar el gol del triunfo y el milagro. El de la esperanza. Pero los que lo forjaron fueron todos, porque cuando el zapato apretó, ambas instituciones sacaron lo mejor de su garra. Tarde, pero valedero al fin, para demostrar que revivieron y que en el fútbol, los milagros existen cuando el corazón acompaña la acción.
