Tras el atentado a la revista Charlie Hebdo de la semana pasada, son numerosos los interrogantes que se han planteado en relación a los motivos reales de ese ataque, como también a la imposibilidad que tiene actualmente la mayoría de las naciones de occidente para frenar los hechos terroristas.
Entre las causas que motivaron la masacre, que terminó con la vida de 12 personas vinculadas a la redacción de la revista, una gran mayoría las atribuye a una venganza de carácter religiosa, ya que el semanario francés tiene una línea editorial muy dura contra el islam. Lógicamente, nada justifica la violencia, pero se debe tener en cuenta que desde hace un tiempo a esta parte, en varios países occidentales, y especialmente de Europa, se han ido generando las condiciones para que toda la población de origen musulmán se sienta excluida de un estilo de vida que tendría que haberlos integrado. El calificativo de ciudadanos de segunda, el acceso a trabajos de poco prestigio, la marginación de determinados acontecimientos y una subestimación permanente han hecho que los musulmanes tengan diversos motivos para generar un sentimiento de rencor que es aprovechado por algunos sectores como el yihadismo para que reaccionen violentamente en nombre de sus principios ideológicos o religiosos. De ahí el origen de la yihad, que es la "guerra santa" que invocan como una causa noble pero por la cual son capaces de cometer atrocidades.
Mientras los estados no adviertan este fenómeno de "descarte" social, el flagelo del terrorismo seguirá latente, alimentado por la propia conducta del mundo occidental.
Respecto de las dificultades que tienen algunas naciones para evitar los atentados que se suceden periódicamente, deberán abocarse a optimizar sus servicios de inteligencia, dotándolos de la mayor tecnología posible. Es inadmisible que el gobierno francés conociendo el riesgo que corría la revista Charlie Hebdo y la presencia en el país de peligrosos activistas yihadistas vinculados a Al-Qaeda, no haya extremado la vigilancia y se haya relajado a tal punto de posibilitar el ataque.
Si bien es cierto que no se puede estar controlando todo el tiempo a todas las personas, es deber de los gobiernos velar por la integridad de los ciudadanos, conociendo a la perfección los movimientos de los sujetos y organizaciones más peligrosas.
