Cornelio Judas Jadeo de Saavedra, tal es el nombre completo de quien fuera presidente de la histórica Primera Junta de Gobierno. Este singular hombre, cuya historia se entremezcla con la de nuestra patria chica, vio la luz en la Villa Imperial de Potosí, actual zona cordillerana de Bolivia, el 15 de septiembre de 1759. De este lugar emigró junto a su familia a Buenos Aires, por las duras condiciones geográficas de la región.
Si bien inició sus estudios en filosofía, finalmente y como resultado de las invasiones inglesas, abrazó la carrera castrense principio de su actuación militar. En este evento fue nombrado comandante del Cuerpo de Patricios. Luego sobrevendrían los días de mayo en los cuales su protagonismo es conocido ampliamente. Las divergencias políticas que brotaron en el seno del nuevo gobierno lo llevaron rumbo a Salta, con el objetivo de mejorar las huestes del Desaguadero, pero su ausencia sirvió para que sus antagonistas lo apartaran del ejército y del gobierno. Fueron estos los motivos que lo llevaron al destierro a San Juan, luego de largas idas y venidas. En el otoño de 1812 llegó a nuestra tierra con su esposa e hijos, residiendo en una casa situada en la incipiente ciudad. Se entera de nuevas medidas legales que ha resuelto el gobierno porteño acerca de su situación, como su destierro y someterlo a juicio de residencia, pero en lugar de marchar hacia Buenos Aires, se va a Chile, más precisamente a Coquimbo.
Horacio Videla cuenta que apenado deja a su esposa, Saturnina Otárola, que estaba en avanzado estado de gravidez. La mujer dio a luz en San Juan en marzo de 1814, un niño bautizado con el nombre de Pedro Celestino Cornelio José María Saavedra.
Luego de cruzar la cordillera, Saavedra, arribó allende de los Andes, pero nuevamente la adversidad se hizo presente. Los realistas habían vencido a los patriotas en Rancagua y era peligrosa su presencia allá. Nuevamente atravesó la cordillera de la manera más rápida posible, ya que los españoles venían persiguiéndolo. A los días llegó de nuevo a San Juan, quedándose al pie de la cordillera, en la estancia de Colangüil.
En ese entonces -piense el lector- el paraje era totalmente solitario y rudo. El mismo Saavedra lo cuenta, diciendo en la soledad espantosa en que vivió y los peligros que acechaban a su persona como el posible ataque de fieras salvajes. Casi un mes estuvo en Colangüil, mientras su mujer hacia toda clase de gestiones que permitieran nuevamente su estadía en la ciudad, permiso que finalmente le fue dado por el Gral. José de San Martín, flamante Gobernador Intendente de Cuyo. Respecto al lugar donde residió, Fernando Mó nos dice: "Cuando llegó Saavedra, sólo habían tres casas a dos y cinco kilómetros de distancia una de otra. La que habitó el comandante pertenecía a doña Ángela Borja". Y en relación al manzano histórico apunta: "En las proximidades existe un manzano añoso que sigue dando frutos a pesar de su larga vida (…) Muchos dudan de tal longevidad, pero consultados agrónomos conocedores del clima y de la tierra del lugar, opinan que es posible que el Presidente de la Primera Junta se haya sombreado bajó el histórico árbol; los manzanos son muy longevos".
