La consigna fue compartir un día de picnic pero con merienda saludable. Los chicos no sólo la respetaron, sino que además se engancharon en todos los juegos y actividades que tuvieron dos objetivos extras: fomentar la actividad física para mantener la salud, y la integración. Fue durante el cierre del Programa Nutrición en Vivo en el que participaron unos 500 alumnos de 16 escuelas de la provincia, entre ellas 3 de Educación Especial a las que asisten chicos no videntes o sordos. Fue en el Palomar donde los participantes cerraron la jornada bailando zumba.

Frutas y barras de cereales fueron los alimentos saludables que llevó la mayoría, aunque algunos incluyeron una porción de bizcochuelo casero, pero chica. Todo acompañado con agua o juguitos en caja. Eso fue lo que se vio cuando los chicos se sentaron sobre el césped para iniciar el picnic. Fue luego de que participaron de la primera experiencia integradora de la jornada.

En el lugar se instalaron 3 colectivos de dos pisos que funcionaron como aulas. En cada uno subieron chicos de diferentes escuelas comunes y un grupo de alumnos de las de Educación Especial que le enseñó al resto algo sobre Lengua de Señas y de cómo guiar a una persona que no ve. Esa actividad fue el puntapié para que los chicos con y sin discapacidad compartieran los juegos a la par.

En la línea de largada se formaron las parejas para la carrera. Algunas formadas por un chico ciego y otro que no lo es, y otras por dos videntes, pero uno de ellos con los ojos tapados. La idea de esta actividad fue que chicos sin problemas de visión vivieran la experiencia de correr sin ver por dónde iban o de saber guiar a su pareja no vidente. Todos completaron la prueba que finalizó con un abrazo entre los participantes y que terminó de reafirmar la integración que perduró hasta el final y que estuvo presente hasta en los momentos menos pensados.

Cuando Hidratito, un muñeco gigante, llegó al lugar uno de los alumnos tomó el micrófono y comenzó a describirlo para que los

alumnos ciegos pudieran imaginar cómo era. En tanto que durante la clase de zumba los chicos sin problemas de visión le indicaron a los no videntes qué movimientos tenían que hacer y en qué momento para no perder el ritmo.