El poncho, una vestidura de uso universal, pero que en cada geografía presenta características distintivas, fue utilizado por el General José de San Martín en varios momentos su vida, combinándose con su clásica indumentaria castrense de color azul. Incluso la profusa iconografía que hay sobre él lo presenta ataviado con ponchos, como el retrato del artista español radicado en Mendoza, Fidel Roig Matons.

Refieren los historiadores que una de las ocasiones donde el Libertador utilizó un poncho fue en la vigilia del Combate de San Lorenzo, donde se puso uno, para pasar inadvertido y poder observar con tranquilidad los movimientos de las tropas españolas. Y en el cruce de los Andes esta prenda fue fundamental, utilizada por todo el ejército y el mismo San Martín.

Existe un hecho vinculado al poncho más famoso que tuvo nuestro héroe. Dicha anécdota se enmarca en la campaña libertadora al Perú. Ya liberado Chile, se inició vía marítima, aquella cruzada para liberar a los hermanos peruanos del yugo realista, contienda que fue llamada por Ricardo Rojas, como "la guerra mágica del Perú". Aún hoy a poca distancia de la capital peruana, trayecto hacia una localidad llamada Santa Rosa de Quites, quedan relictos de la antigua hacienda de Punchauca, sitio históricamente célebre, pues allí en el mes de junio de 1821, tuvo lugar la reunión entre el General José de San Martín y el virrey del Perú, General José de La Serna. En dicha reunión se trató el trascendental tema acerca del futuro político del Perú, y su independencia, asunto que no prosperó. El virrey conocía al Libertador, incluso se dice que eran amigos, ya que habían actuado juntos en la guerra contra los franceses en la Península Ibérica. Dicho encuentro, según testigos que estuvieron presentes, fue sumamente cordial y ameno, a pesar de las opiniones encontradas de ambas figuras. Se cuenta que San Martín le manifestó al sorprendido virrey la siguiente frase: "Venga acá, mi viejo general; están cumplidos mis deseos. Entre los dos podremos hacer la felicidad de este país”.

La Serna, igualmente le respondió en términos sumamente amistosos y lisonjeros. Luego de aquella reunión ambos jefes acompañados de sus principales allegados, compartieron un sabroso banquete, en el que continuaron las expresiones de aprecio. Fue en este agasajo cuando el virrey le obsequió a San Martín, un bello poncho de su pertenencia. La tradición dice que esta prenda es conocida con el nombre del poncho "del virrey” o de "San Martín”. Tiempo después en Mendoza y próximo a viajar a Europa, la valiosa prenda se la obsequió a don Fermín de Galigniana y doña Isabel Corvalán Sotomayor, matrimonio mendocino. Luego pasó a los descendientes de este matrimonio, y en último lugar y felizmente, pasó a formar parte de la colección de ponchos que se exhibe en el Museo Colonial Histórico de Luján. Según los entendidos en tejidos coloniales es una prenda valiosísima. Es un poncho "tejido de base americano, con bordado al estilo de moda en Europa en el Siglo XVII”. Esta hecho de lana de alpaca, con el llamado popularmente "punto de poncho”.