Considerado un héroe nacional en la región, hace 100 años falleció un personaje clave de la historia electoral Argentina que también es recordado por haber puesto frenos a los intereses económicos de EEUU.
Fallecido el 9 de agosto de 1914 a los 63 años, Roque José Antonio del Sagrado Corazón de Jesús Sáenz Peña es reconocido por haber propuesto un proyecto legislativo aprobado el 10 de febrero de 1912, fecha en que el Congreso Nacional sancionaba la ley electoral conocida por el nombre de ese presidente argentino que impulsó la aprobación de esa iniciativa.
Según especialistas, la ley Sáenz Peña introdujo reformas sustanciales en las reglas del juego electoral vigentes, orientadas a ampliar la participación electoral y a que existieran condiciones adecuadas para el ejercicio libre del sufragio por parte de la ciudadanía. La ley Sáenz Peña (quien asumió la presidencia argentina en octubre de 1912) garantizaba el voto secreto, universal y obligatorio a los argentinos varones mayores de 18 años.
Antes de 1912, el sistema electoral se regía por diversas leyes que establecían el voto cantado. La emisión del voto a viva voz (voto cantado) podía provocarle graves inconvenientes al votante que iban desde la pérdida de su empleo o la pérdida de la propia vida si su voto no coincidía con el del caudillo que dominaba su circuito electoral, cuentan historiadores. Es decir que el voto cantado permitía que las clases dominantes o los poderosos de cada lugar presionaran a los votantes para votar a determinado candidato.
Además, antes de la ley Sáenz Peña, el voto era facultativo: sólo una parte de la población tenía la facultad de votar. Estas condiciones facilitaban el fraude electoral y, por lo tanto, la perpetuación en el poder de los mismos actores de siempre.
Además de poner fin al fraude y al soborno que perpetuaba en el poder al régimen oligárquico que comenzó en 1880, la ley Sáenz Peña significó para el sistema político una señal hacia el pluralismo y la tolerancia frente a las minorías. Al instaurar el voto obligatorio, reconocido por sus detractores de entonces como una suerte de mal necesario, la ley Sáenz Peña supuso un impulso a la participación electoral.
Freno a EEUU:
Ferviente latinoamericanista, Roque Sáenz Peña acompañado por el también ex presidente Manuel Quintana y con el respaldo del entonces primer magistrado Miguel Angel Juárez Celman, fue el hombre clave que en la Conferencia Panamericana celebrada en Washington entre fines de 1889 y comienzos de 1890 impidió que EEUU creara un área de libre comercio en las Américas. Aquel intento del gobierno norteamericano establecía al dólar como moneda común y única, y disponía la desaparición de todas las aduanas del continente.
Con excepción de Bolivia y Chile, que se alinearon con la Argentina, el resto de los gobiernos ya habían aceptado la propuesta de EEUU, cuando Sáenz Peña respondió a la célebre frase de la doctrina Monroe, ‘América para los americanos‘ (del norte), con su sentencia ‘América para la humanidad‘.
Si bien se había graduado como doctor en Derecho, también se desempeñó como militar y así fue que en 1874 participó de las fuerzas que derrotaron la sublevación de Bartolomé Mitre, y en 1879 viajó al Perú y se sumó al ejército de ese país para luchar contra las tropas chilenas que ocuparon la costa boliviana del Pacífico, determinando la mediterraneidad de ese país, el sur del Perú y un pedazo, nunca reclamado, del norte argentino.
Como teniente coronel del Perú, país en el que es considerado héroe nacional, participó de la victoria de Tarapacá y posteriormente en la derrota en el morro de Arica, donde fue herido y tomado prisionero.
Poco después, siendo presidente Julio Argentino Roca, fue designado subsecretario de Relaciones Internacionales y en 1887 el presidente Miguel Juárez Celman lo envió como embajador al Uruguay pero antes de ello, en 1884, junto con el ex presidente Carlos Enrique José Pellegrini, Exequiel Ramos Mejía y Paul Groussac fundó la revista ‘Sud América‘ desde la cual se difundieron ideas en favor de lo que hoy se reconoce como la ‘Patria Grande‘.
En 1892 Pellegrini impulsó la candidatura de Roque Sáenz Peña para la presidencia pero la resistencia de los sectores ‘anti modernistas‘ hizo que, finalmente, se optase por designar como primer mandatario a su padre, Luis Sáenz Peña.
Roque desempeñó gestiones diplomáticas en España, Italia, Portugal y Suiza y participó en 1907, acompañando al canciller Luis María Drago en La Haya, de las tratativas que desembocaron en la creación del tribunal de arbitraje que funciona en esa ciudad.
Encontrándose en Italia, se enteró de que sus partidarios habían lanzado nuevamente su candidatura presidencial, cosa que entonces se concretó, y una vez electo, y antes de asumir (12 de octubre de 1912), en conversaciones con el líder radical Juan Hipólito Yrigoyen, acordó la sanción de la nueva electoral.
Durante su gestión se produjo el ‘Grito de Alcorta‘, lo que llevó a considerar algunas medidas para mejorar la situación de los arrendatarios del sector rural, que incluyeron la sanción de la ley de fomento a los territorios nacionales y se impulsó la creación de nuevos ramales ferroviarios que permitieran expandir las zonas productivas instalando en los mismos núcleos poblacionales.
Durante sus años como presidente, integraron su gabinete figuras como Indalecio Gómez, ministro del Interior, responsable de la ley electoral; Exequiel Ramos Mejía, ministro de Obras Públicas; y el también historiador Carlos Ibarguren, como ministro de Justicia e Instrucción Pública.
Como su salud se resintió y comenzó a tener trastornos neurológicos, en octubre de 1913 Roque Sáenz Peña delegó el mando en su vicepresidente, Victorino De la Plaza. El Senado le retaceaba las licencias por enfermedad. Un año más tarde, y cuando se preparaba para reasumir la presidencia, Roque Sáenz Peña falleció en Buenos Aires, el 9 de agosto de 1914. La prensa publicaba ese día de que “el presidente de la república había tenido un ataque cerebral”. Fuente: Télam
