Todos pedían que el público se hiciera sentir en la final como no lo había hecho en toda la semana mundial. Los jugadores de la Selección pedían su apoyo para ser campeones. Anoche cumplió y vivió con euforia y pasión el partido que Argentina perdió. A las 20.20 ingresó España a la cancha bajo un silbatina general de las 7.500 personas que ayer estuvieron en el Cantoni. Un minuto después fue el momento de la albiceleste y la gente los ovacionó e instantáneamente coreó la interpretación del ex cantante de Los Piojos, Ciro Martínez, de la introducción del Himno Nacional Argentino. Aparecieron más banderas nacionales que nunca en toda la semana y los papelitos típicos de esta tierra no faltaron.

Una vez comenzado el partido fue otra la historia y cambiaba minuto a minuto. Cada ataque argentino se vivía con expectativa. Pero con el gol de España afloraron los nervios y las protestas a los árbitros. Cuando los locales se pusieron a un gol (3-2 para España), la gente se volvió a enchufar. Pero el talento español rebanó la ilusión. Ya finalizado el partido, la gente tiró botellas a los árbitros primero, y luego a los jugadores de la Furia Roja en un acto reprochable, pero entendible porque ellos hicieron lo que tenían que hacer en una final.