"Estatus” es la posición que una persona ocupa en la sociedad, o en un grupo social, es decir, tiene una situación relativa dentro de un marco de referencia. Aplicado a la familia, la ubica según el ámbito de categorización en el que está inserta socialmente. De esto nace un posicionamiento, virtual y material, de diferenciados sectores humanos que, por el estado de sus economías, determinan capas o niveles en una sociedad: "Clases sociales”.

De acuerdo a su poder adquisitivo -mayores, menores, o precarios ingresos- esos estratos abarcan "clase alta”, "clase media” -escindible en "media alta” y ‘media baja”-, "clase baja”, y, en compaginación social, "clase pasiva”, sin consistencia de relieve laboral. Podría agregarse -también en compaginación social- "clase inferior” (o "marginada”), donde la sombra de la miseria pesa sobre aquellos paupérrimos seres hundidos en el olvido de la sociedad, de gobiernos, y del prójimo mismo: Los no socializados.

Las clases sociales han existido desde lo inmemorial, demostrando que el hombre lleva dentro suyo una innata tendencia de ubicación y de limitación social, que lo hace desembocar en jerarquizaciones de acuerdo a valores económicos, intelectuales, morales, y abarcativos.

Karl Marx (1818-1883), economista, filósofo y teórico del socialismo alemán, para su teoría socialista comprendió, en dos tipos generales las clases sociales: Burgueses y proletarios. Entre las varias ediciones -en distintas lenguas- del "Manifiesto comunista”, de Marx y Friedrich Engels (1820-1895) -ideólogo contemporáneo de Marx, y seguidor de su doctrina-, la publicada en Inglaterra (1888), enuncia así ambas clases: "Por burguesía se comprende a la clase de los capitalistas modernos -s.XIX-, que son los propietarios de los medios de producción social, y emplean trabajo asalariado. El proletariado comprende a la clase de trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propia, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir.”(sic).

La doctrina marxista estaba cimentada ideológicamente en las argumentaciones -dialéctica- del filósofo alemán Georg Hegel (1770-1831) que propugnaba el idealismo absoluto: La idea como principio del ser y del conocer, filosóficamente. En base a este principio, Marx -que perteneció a los Jóvenes Hegelianos de Izquierda- creó el socialismo científico, que tiene que ver con las exigencias de precisión y objetividad propias de la metodología de las ciencias. En su teoría política-filosófica, Karl Marx desarrolla y radicaliza los principios del socialismo, procurando establecer con diversos matices ese sistema.

El pensamiento de Hegel estaba dominado por el sentido teológico y religioso, el de Marx comprendía el realismo puro, que lo inducía a un materialismo didáctico. No obstante que Marx consideraba al "capitalismo” un orden contingente, al capital lo veía como "el factor más decisivo (…) y más trascendente en la lucha entre los capitalistas y los trabajadores, empleados y explotados por ellos.”(sic) Él lo llamaba "proletariado inmerso”.

El "capital” -concerniente a hacienda, caudal, patrimonio- tiene una enorme fuerza controversial expansiva, en función del concepto que especifica fines de lucro, inversión, abarcamiento de todo tipo de valores redituables, en prosecución de su mantenimiento y acrecentamiento. Cabe ello dentro de la economía llamada "de mercado”, con influencia en la formación de precios en los bienes objeto de cambio. En la economía de mercado, las decisiones tienden a obtener el mayor beneficio según fluctuaciones entre la oferta y la demanda, con un mínimo de regulación, consensuado dentro de coyunturas económicas, políticas y sociales, donde el gobierno es morigerador y conductor elegido.

El juego de la economía en un país, pone en acción todos los resortes estatales y privados, en la vigencia de acuerdos o desacuerdos que sobrevienen del invariable "acercamiento” entre un gobierno direccional, y la parte privativa del capital con su constante incidencia.