Los considerables aumentos de la carne vacuna y el acompañamiento que sufren los precios de sustitutos, como el cerdo, el pollo, e incluso el pescado, deberían tener en San Juan el paliativo de la producción caprina masiva, si se hubiese concretado la promoción de la cría y de la explotación comercial del recurso.

Nuestra provincia tiene un gran potencial al respecto y en años anteriores, hubo varios intentos para la producción y comercialización en gran escala. Además, desde hace más de un año, se cuenta con el estímulo de un marco legal específico, pero de todos los enunciados para la aplicación de tecnologías para una gestión sustentable solo se ha implementado el aspecto veterinario.

La Ley de la cría y explotación comercial del ganado caprino fue orientada apuntando hacia la obtención de productos cuya calidad esté diferenciada, no solo por las características intrínsecas del producto, sino por los procesos productivos, mediante el manejo racional de los recursos naturales. Es decir, se trata de la planificación para el empleo del pastizal natural, un correcto manejo del animal, la adecuada obtención final del producto y sus derivados, y una gestión planificada de la empresa, para lo cual el Estado debe asistir al productor en la etapa promocional en las diferentes necesidades, incluyendo la financiera.

Según el proyecto, los protocolos señalan el uso y monitoreo del pastizal natural, el manejo animal, ya sea genético, sanitario y nutricional, mas la obtención de leche, carnes y cueros de cabras. Son premisas comunes para las empresas que respalden sus ofertas en la denominación de origen, para alentar una diferenciación que distinga esta presencia en los mercados nacional e internacional.

Todo ello involucraba la creación de un Instituto Provincial de Caprinocultura, para atender puntualmente las bases de lo que debiera ser una alternativa productiva de gran proyección: desde un censo provincial y la generación de nuevos tambos bajo el régimen de diferimientos impositivos hasta la capacitación de puesteros; el suministro de reproductores; subsidios para perforaciones; la tenencia de tierras y el plan sanitario.

El asesoramiento veterinario es un buen comienzo, pero tibio frente a un ambicioso plan tendiente a alterar el perfil agropecuario sanjuanino.